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Fragmento de Sueños de la malaria (Herring Publishers, 2020)
7 de noviembre de 2018 La segunda noche, me tomé la tercera pastilla anti-malaria (hay que comenzar antes del viaje y se ve que la pastilla provoca sueños psicóticos). Aquella noche, la píldora me llevó de vuelta a Broadway. Había bajado del subway e iba caminando al depa. Hacía dos meses que me había mudado de Brooklyn, pero la acera se desplegó bajo mis pies. Vi de reojo al café afroamericano al que siempre quise entrar. Por acá nunca vi un café latino (excepto los delis, si es que cuentan). Las nubes rosadas bajaron a estar con la calle y me eché a andar por Lorimer, no del todo…
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Movimiento animal
Una tarde decidí acostarme boca arriba, cubrir todo mi cuerpo con almohadas, ponerme los audífonos, programar una larga playlist de funk y cubrirme toda hasta la cara. Me quedé ahí horas, primero despierta, luego dormida, luego despierta. Más de seis discos dejaron sus sonidos dentro de mis oídos. Anocheció. Enterrada entre una pila mullida y blanca, me di cuenta de las múltiples humanas limitantes. No soy un animal que pueda esconderse debajo de la tierra. No sé cavar ni construir refugios. No soy un animal que pueda guardar su cuerpo en una concha. No soy un animal que genere una piel nueva, ni que flote, ni se confunda con el…
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Las obreras movemos a México
Hoy cumplo un mes desempleada y debo admitir que ese término me molesta, denota que una no es útil para generar y producir riqueza, ajena por supuesto. Sobre todo cuando haces números y te das cuenta de la disparidad entre la condición económica del patrón y la del trabajador, de que cuando te liquidan, ya sea de acuerdo a la ley o por un acuerdo, eso no equivale ni al 3% de lo que generaste. Y sí, como proclamó aquel obrero en la manifestación de los fifís: “los obreros movemos a México”. En este momento no me urge conseguir trabajo nuevo, para poder seguir a resguardo, cuidarme a mí y…
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Diamanda Galás: el rito de la voz Defixiones
Con sus tres octavas y media de registro vocal, Diamanda Galás desciende, penetra, cruza las oscuridades de lo humano, de un modo que, a pesar de las impresiones sonoras y visuales, sostiene la vida y su aliento del lado del mango de la muerte. La llaman “la Diva de la oscuridad” ―aunque el epíteto diva no le gusta―, y puede ser, pero en ella la oscuridad es auténtica, nítida, no transa con la canallada ni la cobardía. Galás es oscura, no cínica. Reunió el piano clásico, el bel canto, el blues y el jazz en ese género de tintes góticos que es más bien indefinible, violento, doliente, propio: galasiano, que…
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Apothetae. Del lugar del abandono al lugar de la imaginación disidente
Después del primer diagnóstico se siente como si perdieras la identidad, sea lo que sea eso y se encuentre donde se encuentre. Se trata de una sensación aunque abstracta, real: no sé bien qué pierdo, pero siento cómo lo estoy perdiendo, se va, me voy. Es la fragmentación del Uno que se divide sin cesar, que dice Vladimir Jankélévitch. Da miedo, algo se resiste, quieres aferrarte a ese mí que me soy y me pertenezco. Te desdoblas, te triplicas, te multiplicas; de pronto, eres fractales. Pasada “la primera mutación”, dice Jankélévitch mismo en Lo puro y lo impuro, todo es probar los grados de la impureza y aunque parece que…
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Intocable es mi Zodiaco*
La servidumbre enterró su rama: las sirvientas procrearon / se reprodujeron, parieron hijas de cuclillas en la tierra, que parieron hijas que cantaron cantos en tibetano y miraron el vértigo del huracán a los ojos. Los que miraron para abajo, los que se negaron a mirar para abajo fecundaron violentamente a las sirvientas, las campesinas violentamente poblaron pedazos de mundo con esa vocecita tan dulce, como si la acidez no les comiera la garganta. Estirpe paria, legión de hijos de nadies escapados del cuchillo de la limpieza, ése es mi Zodiaco. Una estrella oxidada de las puntas pero filosas. Estrellas ninja oxidadas de lo que no y el resentimiento y…

















