Arte (s),  Visualidades

Andar a tientas: huellas de la mirada 1*

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Conversación en vuelo. Contra las chelas tibias y las exposiciones imperiales

Entre las disputas por 1m² de asfalto, encima de las huellas de la prisa colectiva, aún se puede conversar con pájaros. Por ejemplo, ayer me dijo un ave que una coca y una chela tibia saben tan mal como un amor cauto. Quienes vivimos por un tiempo prolongado en el ayer D.F. nos deja de sorprender el hecho de que se pueda entablar diálogos con la fauna del Anáhuac. En esta ciudad es común escuchar a las ratas exigir la hora y a los puercos pedir una mano, pero solo en momentos excepcionales se le da cabida el criptisismo pausado y contemplativo de las pláticas con pájaros. —¿Qué mundos has visto? ¿Qué amores has besado? le pregunté; inflo su pecho, abrió sus alas y entonado con el aire, me dijo que abrace al miedo con tus sueños. Para las mentes corporativas de las urbes los códigos aviarios generalmente son indescifrables, pero nunca falta una digna manifestación, una falla eléctrica, un choque claramente prevenible y una exposición como la que alberga el museo Tamayo en estos días Tamayo, Nieto, Toledo Los años en París para darnos pretextos y tiempo para desempolvar nuestro sentido semiótico opacado por el brillo pornográfico de la comunicación efectiva que promueven las fórmulas algorítmicas.

Las palabras del ave empiezan a negociar su enigma al evocar el recuerdo de una chela bien fría, una coca bien muerta, y un amor desbocado; pues la memoria popular permite descifrar los mensajes de los pájaros, ya que ella se preocupa, se entrega y se compromete con el otro. Si las palabras que afirman que una coca y una chela tibia saben tan mal como un amor cauto se revisten de misterio, es por la lógica de consumo: a los oxxos les vale si los refrescos están fríos, los estadios venden cerveza caliente, y lxs amantes ya no nos aprendemos el olor de quien amamos.

Esa tibieza que nos impide entender el trinar de las aves es impuesta por una necedad de ampliar la cartera de consumidores, esta, engloba a los refrescos, las chelas y los amores, pero también al arte. Las personas que crean obras toman decisiones comerciales en vez de estéticas, las que educan moldean trabajadoras en vez de pensadoras viscerales, las que montan exposiciones construyen escenarios para instagram en vez de propuestas interpretativas. ¡El dinero nos libre de expresiones pasionales! En esta tradición tibia que le apuesta al consumo seguro, está la línea curatorial del Museo Tamayo. Apenas el año pasado se exhibía Luzia (octubre 2024 – febrero 2025) del artista Paulo Nazareth; un trabajo que explora la vivencia de un cuerpo racializado, el trauma de la migración y la potencia de la naturaleza se redujo a totes carísimas. Tamayo, Nieto, Toledo Los años en París no dista de esa tendencia. La muestra exhibe obra de artistas que se presume hicieron “aportes novedosos desde posturas personales que dieron lugar a estilos diferentes”[1] es decir, se buscó que la exposición rescatara la diversidad de las expresiones estéticas de cada pintor, propuestas que el mismo texto curatorial da a entender que vienen de lugares e intereses íntimos. ¡Que gran fracaso!  La exposición extirpa toda complejidad y homogeneiza las propuestas pictóricas. Al proponer la articulación de los cuadros a partir de las estancias en parís que los tres oaxaqueños realizaron en diferentes períodos, recubre la lectura de las obras con un velo, o más bien, recubre la lectura de las obras con una cobijón, pero no de tigre, sino de imperialismo.

Imagen de la exposición: Luzia (octubre 2024 – febrero 2025) del artista Paulo Nazareth

En lugar de propiciar una lectura que permita apreciar las búsquedas y propuestas estéticas que el trío pictórico hizo desde la subjetividad latinoamericana, oaxaqueña, o incluso mexicana, lo que hace la exposición es subordinar la obra a la influencia, la educación y la inspiración europea. Que forma tan descarada de hacernos beber una chela tibia. Las decisiones que se tomaron en torno a la conjugación de obras no sigue ni por error la propuesta estética de los artistas por explorar lo personal, lo colorido, lo pasional, lo frío o incluso lo caliente de sus intereses. Sin embargo, por más que la lógica de consumo quiera entibiar la pasión de los artistas y su trabajo, algunas obras se escapan de esa homogeneización. Así me lo recordó el ave. Esa ave que ayer me dijo que una coca y una chela tibia saben tan mal como un amor cauto, la volví a encontrar en la exposición. En una pared beige, se recarga una moldura plateada con sobrepeso, esta trata de enmarcar un azul aún más pesado y desbordante que solo los cielos oaxaqueños albergan. Dentro de los linderos plateados y sobre la tela celeste, se paseaba el ave. Con su aleteo multicolor avivaba el conflicto entre los bordes y el fondo, por la velocidad de su vuelo su presencia se camuflajeaba con el entorno, era difícil verla, pero ayer habíamos hablado y por ello pude reconocerla. Quizá, ayer cuando platicamos lo que buscaba era advertirme sobre la tibieza de la exposición y en un acto completamente estético fue a hacerle frente, fue a enfriar las chelas y a desbordar amor. —¿Qué quisiste decir con que abrace al miedo con tus sueños? Le pregunté, pero la inmediatez que exige la foto del vecino me hizo seguir avanzando y no escuche su réplica. Tal vez, en otras visitas a la exposición se pueda escuchar esa respuesta.

La exposición Tamayo, Nieto, Toledo Los años en París se inauguró el pasado 20 de agosto y estará expuesta hasta el 15 de febrero del 2027. Me percaté que en la exhibición hay otros animales sabios que se rehúsan a seguir el discurso tibio e imperial de la curaduría, pero ahí sí entra el poliglotismo de cada una para entenderles. En el caso de esa ave tan enigmática, es muy probable que ahí ande haciendo su chamba de mediación cantando preguntas desbordadas. Aquí unas claves para andar a tientas en la exposición, identificarla y escucharla: hay un lienzo acompañado por una cédula que lo titula Poesía en vuelo fechado en 1957 y adjudicado a Rufino Tamayo. Al estar frente a él, si se puede, es recomendable reproducir la canción Ayer me dijo un ave del grupo Caifanes; La rola es del disco El nervio del volcán track número 4. Tal vez con este procedimiento se pueda detonar una plática entre aleteos, cantos y volcanes que abra el espíritu a la hora de visitar la exhibición y puedan resolverse preguntas que solo las aves pueden hacer.

*Andar a tientas: huellas de la mirada es una columna mensual de crítica de arte que parte de una premisa: toda obra tiene algo que decirnos. Estos textos son el registro de las huellas que deja una caminata interpretativa; trazados con una escritura poco económica que a veces tropieza, invitan a emular un andar a tientas para construir colectivamente nuevas rutas interpretativas, de modo que al interactuar con las obras podamos pintar melodías, entonar imágenes y sentir memorias, siguiendo el ciclo de poiesis que estas detonan en lugar de perseguir un significado fijo o un veredicto sobre su calidad.


[1] Texto introductorio de la exposición.

Diablero enamorado y clandestino que por suerte, estudió historía del arte.