Letras,  Pensamiento

Lenguaraz: El viento que dispersa semillas // Entrevista

Lenguaraz es una distribuidora de libros que nace como un tentáculo de un proyecto anterior: “Lenguaraz: literatura para no leer”, una revista surgida a principios de los años dos mil que se convirtió en un referente de las letras mexicanas por la calidad de su diseño editorial y por los autores que publicó en sus páginas. Con el paso del tiempo, este proyecto evolucionó hasta conformarse en una distribuidora de sellos independentes con un catálogo que reúne a más de veinte editoriales nacionales y extranjeras, y que hoy tiene presencia en doce estados de la República, con más de 58 puntos de venta físicos y tres plataformas de venta en línea.

Liderado por Ximena Atristain, Lenguaraz se ha consolidado como un referente en la distribución de libros independientes en México. Además, los próximos 1 y 2 de agosto realizará una venta de bodega de libros para que los lectores descubran títulos de su catálogo y se acerquen al trabajo de las editoriales que conforman esta red. Platicamos con Ximena sobre el origen de la distribuidora Lenguaraz y los retos de la distribución independiente y el panorama actual del libro en México.

Edgar Rivas: conocí la revista lenguaraz allá por los 2000, de hecho, la revista Registro, un proyecto anterior de jeronimomx, organizamos un encuentro de revistas universitarias e independientes en la Universidad del Claustro de Sor Juana por el 2004 y estuvieron invitados.  ¿Cómo surgió la idea de crear una distribuidora con estas características y qué necesidades del medio editorial buscaban atender?

Ximena Atristain: En realidad, fue un impulso muy sagitariano.

Lenguaraz, como revista, llevaba unos seis años en estado de coma. A finales de 2015 conocí a un amigo editor que necesitaba distribuir los libros que se le habían quedado de la Feria de Guadalajara. En las pláticas con él, y pensando justamente en la forma tan centralizada en que suele distribuirse el libro en México, se me ocurrió que Lenguaraz podía aportar a la descentralización de la distribución de textos políticamente luminosos: ya teníamos la infraestructura —RFC, números de proveedor, registro en CANIEM, etc.—, y además podíamos activar otros circuitos libreros que no necesariamente se concentran en la Ciudad de México, sino en las capitales de los estados y en las universidades.

Así, sin darle muchas vueltas, empecé la distribuidora con los títulos de Traficantes de Sueños. Al poco tiempo, casi por contagio, se sumaron otros proyectos afines al tipo de ediciones de Traficantes y a la rebeldía politizada de Lenguaraz.

Fue fácil, en parte, porque entonces yo trabajaba como editora en el CCD y nunca imaginé que tendría que dejar mi trabajo estable para atender más profundamente este proyecto.

ER: La distribución suele ser el eslabón menos visible de la cadena del libro, aunque resulta fundamental para que una publicación encuentre a sus lectores. ¿Cómo entienden ustedes el papel del distribuidor dentro del ecosistema editorial?

XA: Me gusta la metáfora del «ecosistema». Entiendo los ecosistemas —y, por extensión, los cuerpos holobiontes— como sistemas de relación e interdependencia, donde todo el tiempo se tiende a un equilibrio que, paradójicamente, nunca se alcanza del todo. En este esquema, la distribuidora editorial no es un organismo vivo, sino el «sistema de corrientes» —como las corrientes marinas o los ríos— que conecta el medio físico con los organismos.

Pero hay un matiz que la hace única en el ecosistema editorial: es el único actor que permaneces tras bambalinas. Su razón de ser es existir para que los demás —editores, libreros, lectores— puedan cumplir su función. Es, en definitiva, el medio físico en movimiento.

En la práctica, esto la convierte en varias cosas a la vez: El río que conecta la montaña (la editorial) con el mar (el lector). El viento que dispersa semillas (la información comercial y las novedades). El sistema de micorrizas subterráneo que permite que los árboles (editores) y las plantas (librerías) se comuniquen e intercambien nutrientes (libros y dinero). Sin ella no habría circulación de agua ni de minerales. Todos los organismos vivirían aislados, compitiendo por recursos en un territorio seco y estancado.

Por eso, en México, cuando una distribuidora falla, no es que «muera un animal». Es que el río se seca. Y entonces todo el ecosistema sufre una sequía: editoriales sin salida, librerías sin abasto y lectores sin acceso.

ER: En un contexto donde las grandes cadenas concentran buena parte del mercado del libro, ¿qué significa distribuir a más de 20 editoriales independientes y cuáles son los retos para hacer circular estos catálogos por 58 puntos de venta?  

XA: Ha sido una experiencia muy gratificante y nos ha dado muchas mieles. Pero también hemos pasado malas temporadas. El aprendizaje es un fenómeno necesario, aunque muy caro —sobre todo cuando la tendencia al equilibrio en el ecosistema se rompe.

En lo práctico, distribuir a todos puntos de venta implica una logística casi artesanal: coordinar envíos a librerías en distintos estados, gestionar devoluciones, mantener stock suficiente sin saturar almacenes y ajustar los tiempos de entrega a las necesidades de cada librero. No es lo mismo abastecer una librería universitaria en Ciudad Juárez que un espacio independiente en Guadalajara; cada punto tiene su ritmo, su público y sus exigencias. Y todo esto con los márgenes tan ajustados que deja la distribución independiente.

No somos inmunes a las modas pasajeras ni a las avalanchas de novedades que hoy parecen ser lo único que se mira en las librerías, dejando en estantes menos sexis el catálogo de fondo, los libros referentes o aquellos que siguen siendo relevantes independientemente del minuto de su publicación.

Desde nuestro lugar —esa grieta en el circuito del libro— solo queda insistir en la importancia de los sellos y libros que distribuimos, y facilitar el acceso a librerías, bibliotecas y lectores que tengan un interés genuino en la diversidad del catálogo que ofrecemos. Para nosotras, estos son textos necesarios para formar visiones y posturas críticas y politizadas frente a una realidad que nos ahoga. No es nuestra intención distraer a los lectores de esa realidad, sino circular material de apoyo para navegarla, tratando de cubrir las necesidades e intereses de investigadores, docentes, artistas y público en general.

El chiste, para mí, de distribuir libros, es poner conversaciones sobre la mesa de la actualidad. Los textos pueden ser noveles o rescates, no importa, siempre y cuando activen la memoria, la conversación y el ejercicio de las ideas, no solamente en las grandes ciudades, también fuera de estos centros.

ER: Su catálogo tiene una línea muy heterogénea, pero también muy cuidado. ¿Qué criterios siguen para incorporar un sello editorial o un libro a su catálogo? Más allá de la calidad necesaria, ¿qué valores o afinidades buscan en los proyectos con los que trabajan?

XA: Los años que estuve en el Centro de Cultura Digital, y sobre todo las grandes amigas con quienes he podido compartir ideas, inquietudes y —por qué no decirlo— necesidades lectoras, me han dado una brújula para detectar esas editoriales o materiales impresos que pueden aportar y enriquecer la llamada bibliodiversidad del medio. Eso también ha hecho que editoriales afines a los temas que circulamos se nos acerquen, de forma orgánica, para tener distribución en México.

Lo que esperamos de las editoriales que se nos acercan, más allá del catálogo que han conformado, es un entendimiento claro de los riesgos, los altibajos y las problemáticas que pueden surgir en el camino. En algunos países, la compra en firme es práctica común; sin embargo, en México esto no es parte de la «tradición». Aquí básicamente que el distribuidor asume los riesgos y gastos más pesados: entregar a tiempo, dar crédito a consignación y buen descuento, que malabaree con los libros maltratados y que no insista a la hora de las cobranzas.

Pero para nosotras, esa tradición, no es la única forma de entender la relación. Una distribuidora no es un banco ni una bodega infinita: maneja fondos ajenos y su sostenibilidad depende de que la cadena tienda al equilibrio. Por eso, el orden del Excel, la puntualidad en entregas, reportes, pagos y devoluciones no es un capricho, sino una condición necesaria para sostener de la mejor manera posible los circuitos. Buscamos, en el fondo, una relación de confianza y reciprocidad: que editoriales y librerías entiendan que su catálogo no solo llega, sino que lo hace a través de un mecanismo que también necesita cuidarse para seguir existiendo. Sobre todo, cuando el gran capital o activo detrás son libros solamente.

Somos una distribuidora pequeña que ha sostenido esforzadamente una infraestructura, pero somos esencialmente dos personas en el panel de control. No por ello podemos escatimar en programas de control de inventario, renta de almacén, insumos, sueldos, servicios de paquetería, pagos múltiples, etc., ni en la documentación necesaria para importar. Es curioso, pero hay editores que quieren exportar, sin embargo, muchas veces no están dispuestos a tener todas las cartas legales y administrativas para ser exportadores. Este tipo de situaciones finalmente las enfrenta y resuelve el distribuidor bajo su propio riesgo. Y lo hemos tomado, y nos ha costado.

Al final, distribuimos libros porque creemos que las ideas necesitan circular para tener efectos reales. Y para que circulen tenemos que ponerlas al alcance. Ahí es nuestro lugar, que es privilegiado, y lo asumimos con todo lo que ello implica.

ER: Las formas de circulación del libro han cambiado con el comercio electrónico, las redes sociales y los nuevos hábitos de lectura. ¿Cómo han adaptado su trabajo a estas transformaciones y qué oportunidades identifican para la distribución independiente?

XA: Estos formatos de publicación, difusión y comercio han impulsado, contrario a lo que se dice, la avidez por el libro físico. Manejamos fondos que, además, comparten su catálogo de manera libre y gratuita con los lectores; esto ha facilitado el acceso y la demanda del Objeto libro. Pero no podemos recargarnos solo en las redes. Es necesario propiciar el encuentro físico entre lectores, autores, librerías y libros. Ahora el distribuidor también tiene la responsabilidad de dar a conocer su fondo a fondo, no solamente a través de posts gráficos y portadas. Eso ya es insuficiente.

En Lenguaraz estamos craneando establecer un espacio para compartir lecturas de viva voz, de manera que los contenidos cobren vida, se incorporen —en el sentido de que tomen un cuerpo, una forma y un movimiento— a la vida cotidiana, más allá de las librerías, academias y bibliotecas. Que las lecturas rompan el silencio.

Aún estamos planeándolo; espero que pronto podamos compartirles estas noticias.

ER: La Ciudad de México y quizá muchos estados y países viven un momento significativo en torno a las ferias de editoriales independientes, los espacios autogestivos y las librerías especializadas. ¿Cómo perciben este panorama y qué papel juega Lenguaraz dentro de esta red?

XA: Celebramos cada que abre una nueva librería y nos pide libros, y tratamos de que puedan acceder a nuestro catálogo sin tanto trámite. Celebramos a las librerías que buscan especializarse y atender comunidades específicas; eso es supernecesario. Ya estamos bien surtidos y parejos de novedades de grandes consorcios. Pero los espacios que se especializan —ya sea en ensayo político, ecocrítica, feminismo o narrativa latinoamericana, etc.— son joyas que hay que sostener. Son espacios germinales, vitales y activos, comprometidos con su discurso y con su público.

Las ferias son otro cantar. Cada vez somos más reticentes a participar en toda feria que nos convocan. Las organizaciones de estas no siempre son congruentes con los costos que implica asistir. Tratamos de sondear a qué público está convocando, qué programa cultural tiene, qué espacio va a ocupar, cuánto va a costar vs cuánto podremos vender. Todas estas variables entran en juego a la hora de decidir ir o no a una feria. No importa el nombre o tema que les pongan a las ferias: si no hace una difusión y genera un programa interesante y relevante, no tiene mucho caso poner el cuerpo.

ER: Mirando hacia el futuro, ¿qué les gustaría que cambiara en la industria editorial mexicana para fortalecer la bibliodiversidad y facilitar que más lectores descubran los libros publicados por editoriales independientes?

XA: Para generar cualquier cambio sustancial debe haber dos cosas: valentía para tomar postura y pares con quienes organizarte para transmitir dicha postura. Eso se parece mucho a Sísifo y su piedra cuesta arriba. Pero como se dice, «desde nuestra trinchera»: como distribuidora pequeña, independiente, de editoriales especializadas, no estamos en la carrera de las novedades, sino en la insistencia en dar a conocer nuestros sellos, autores y líneas editoriales.

También estamos viendo cómo facilitar la frecuencia de la circulación de los títulos por medios distintos a la importación, que cada vez se vuelve más tortuosa y arriesgada. No se trata solo de que las editoriales foráneas se animen a exportar una parte de su fondo, sino también a producir en sitio sus novedades para cubrir las necesidades de la editorial, las librerías y nosotros. No es fácil, pero es posible, y en el futuro se mira como lo más viable y sostenible para que la circulación no flaquee, no cese.

Instagram: https://www.instagram.com/lenguaraz_distribuye/

Web: https://lenguaraz.com.mx/

Licenciado en Literatura y Ciencias del Lenguaje impartida en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Maestro en guion por Centro de diseño, cine y televisión. Director y editor de la revista de literatura, arte y pensamiento crítico Jeronimomx. info Su trabajo editorial se centra en la búsqueda de temáticas y proyectos poco explorados por las publicaciones actuales.