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El stand-up en México: apuntes para una tipología

No existe una cifra oficial o exacta de cuántos videos de stand-up comedy se suben diariamente a la web, ya que las plataformas no clasifican todo el contenido de humor específicamente bajo esa categoría; sin embargo, yo sigo a más de 10 standuperos que hacen que mi día este regulado por las risas y, muchas veces, las carcajadas. Dentro de los miles de videos que existen de stand-up comedy podríamos hacer una clasificación, pero el humor es tan amplio que quizá nos tardaríamos algunas cuantas semanas.

Las raíces del stand-up comedy se pueden rastrear o seguir a lo largo de más de un siglo, con orígenes que combinan tradiciones tan diversas como las conferencias humorísticas del siglo XIX y los espectáculos de vodevi, un género teatral de comedia ligera y frívola, caracterizado por enredos amorosos, malentendidos y un tono humorístico o picante en la Francia del siglo XIX.

En el continente americano, el germen del stand-up se encontraba en las giras de conferenciantes cómicos que recorrían Estados Unidos en el siglo XIX, con figuras como el célebre escritor Mark Twain y Artemus Ward; el primero, por ejemplo, se subía al escenario no para contar chistes al uso, sino para ofrecer monólogos humorísticos sobre sus experiencias y observaciones, estableciendo así un vínculo directo con el público que sería fundamental para el género. Por su parte, el segundo es considerado el primer comediante de monólogos de Estados Unidos.

El verdadero caldo de cultivo para el stand-up moderno fue el teatro de variedades, donde se mezclaba danza, música, magia y comedia, en el que la mayoría de los actos cómicos eran realizados por parejas o grupos que interactuaban entre sí. En este contexto nació la figura considerada el primer comediante de stand-up de la historia: Charley Case (1858-1916), un artista afroamericano, que comenzó su carrera en el blackface1 e innovó el teatro de variedades al subir al escenario sin disfraces ni utilería, para dirigirse directamente al público con un monólogo humorístico mientras se mantenía de pie en un solo lugar. Case es también conocido por haber popularizado el término «punchline» (remate), moviendo los brazos como si diera un puñetazo al final de sus historias.

A finales de los años 50 del siglo XX nació la figura del «maestro de ceremonias» en los clubes nocturnos (nightclubs), que se convirtieron en el nuevo hogar del comediante. Figuras como Bob Hope llevaron el género primero a la radio y luego a la televisión, desarrollando un estilo que conectaba con la actualidad y las noticias del día. Esta evolución sentó las basases para la «nueva ola» encabezada por Mort Sahl, quien rompió con el estilo mecánico de contar chistes para ofrecer un comentario social cáustico y conversacional, estableciendo el modelo que dominaría las siguientes décadas.

Si bien antes ya teníamos algunos comediantes o presentadores que hacían monólogos en programas como The Ed Sullivan Show y The Tonight Show, con figuras como Richard Pryor y George Carlin, para las décadas de los 70 y 80 ganó gran popularidad y lanzó a la fama a figuras como Steve Martin, Jerry Seinfield, Bill Cosby, Robin Williams y Eddie Murphy, quienes dieron paso a diversos lugares llamados Comedy Clubs, los cuales estaban dedicados especialmente para este tipo de shows. Sin embargo, el salto a la popularidad masiva de este género no llegó sino hasta la década de 2010, impulsado por la apertura de nuevos foros, el auge de las redes sociales y la presencia de las plataformas de streaming que apostaron por el formato.

En México, el stand-up podría encontrar una conexión directa con las carpas: un teatro de variedades, pero ambulante, de corte más efímero y muy popular que se consolidó durante los años 30 y 50 del siglo XX. Figuras como Jesús Martínez «Palillo» son recordados por realizar rutinas de crítica social en este formato y de donde salieron los cómicos más representativos de México como Roberto Soto «El Panzón Soto», Resortes, Cantinflas, Tin Tan, por mencionar algunos.

Dentro de los antecedentes más recientes podemos mencionar a Los Tepichines, dúo cómico formado por Eduardo Cuevas Tornell, en acompañamiento inicial de Enrique Canales Leal, y más tarde de Miguel Ángel Flores, que desarrolló un estilo basado en la parodia de marcas comerciales, los juegos de palabras y el doble sentido, demostrando una notable creatividad que los convirtió en referentes de la comicidad popular. Asimismo, no podemos dejar de mencionar la figura de Polo Polo, fundamental para la evolución del monólogo humorístico en México. Sus rutinas, construidas a partir de anécdotas narradas en primera persona, abordaban temas sexuales y situaciones cotidianas desde una perspectiva irreverente y provocadora, convirtiéndolo en uno de los comediantes más influyentes del paísen los noventa. Por último, un referente importante es Adal Ramones, quien contribuyó a la difusión de una forma más cercana al stand up a través de los monólogos de apertura de su programa televisivo Otro Rollo, donde incorporó observaciones sobre la vida cotidiana, la actualidad y las costumbres sociales.

En este texto no queremos dejar de mencionar la relevancia del teatro de cabaret en México, que resurgió a finales de los años setenta como un movimiento contracultural, y que fue encabezado por espacios emblemáticos como el bar El Nueve en la Zona Rosa y el célebre teatro-bar El Vicio (antes El Hábito, en Coyoacán) que se convirtieron en trincheras para el análisis y la burla hacia el poder en la Ciudad de México.

La descentralización del contenido gracias a la popularización de internet —en especial de YouTube—, las redes sociales, la apertura de foros independientes en bares y teatros, y el apetito de plataformas como Netflix, lograron que la escena del stand-up creciera tal y como la conocemos actualmente. Como lo mencionamos líneas arriba, lejos de ser un género homogéneo, el stand-up alberga una variedad infinita de registros.

En mi ejercicio diario de mirar standuperos y dentro de mi limitada línea del algoritmo, quizá podría hacer una segmentación de ellos y podría mencionar 5 tipos generales:

1) El cronista de lo cotidiano: una figura que convierte el escenario en un espejo deformante de nuestras propias manías. Su comedia se nutre de la observación de la vida diaria, donde la pereza, la gula y las pequeñas infidelidades se celebran con una complicidad que roza el confesionario.  En este tipo de standupero no hay una pretensión de denuncia social, sino un ejercicio de reconocimiento inmediato que nos hace reír de nuestra mediocridad compartida, encarnando la fanfarronería y la adulación del ego con una habilidad que roza lo terapéutico para la audiencia.

2) Frente a esta mirada cómplice, emerge la figura del “provocador”,un humorista que, quizá con estudios universitarios o un bagaje cultural amplio, utiliza un lenguaje abierto y sin filtros, para la transgresión hacia lo social, es decir, no busca consolar, sino incomodar. Este standupero, ocupa como herramienta principal el desmontaje de las certezas compartidas, abordando la política, la religión y la marginalidad con un humor, a veces negro, que exhibe la vileza humana como un fenómeno estructural. Este tipo de comedia restaura al stand-up su lugar originario como un «mal género», donde la risa surge de la incomodidad al reconocer que los sistemas de poder y corrupción son la verdadera extravagancia.

3) un stand up que está en crecimiento y que cada vez es más visto es el de las comediantes mujeres, quienes, a contracorriente de un ecosistema tradicionalmente masculino, han hecho de lo cotidiano, de los micromachismos, la ruptura de la vanidad masculina y la hipocresía social de género.

Completando este panorama, tenemos al “tradicional” y el “marginal” que funcionan como los polos que anclan el fenómeno a sus raíces y lo proyectan hacia nuevas fronteras. 4) El primero sirve de puente entre la bufonería clásica del teatro y la televisión y el monólogo contemporáneo, recordándonos que el histrionismo y la imitación siguen siendo fuentes inagotables de risa cuando se trata de satirizar la avaricia y la ambición por el estrellato. En el otro extremo, 5) el marginal se erige quizás como la figura más interesante desde una óptica crítica, al lograr insertarse en el centro sin renunciar a su origen periférico. Su humor, que exhibe sin pudor la marginalidad sexual, racial o social, regresa la comedia a su lugar de incomodidad originaria, obligándonos a enfrentar aquello que la sociedad condena y, en muchos casos, aquello que nos negamos a reconocer en nosotros mismos.

Es verdad que mi tipología es muy limitada, pero lo que estos 5 tipos comparten, más allá de sus diferencias estilísticas, es una función social que el stand-up ha sabido recuperar de la vieja ópera bufa: la comedia como espacio de negociación de lo público. En un país atravesado por la violencia, la desigualdad y la corrupción, el humor se convierte en un mecanismo para nombrar lo innombrable, para procesar colectivamente aquello que de otro modo sería insoportable. Sin embargo, el género no está exento de tensiones; la escena del stand-up en México también refleja dinámicas de clase y poder que reproducen las desigualdades del entorno social. La pregunta sobre los límites del humor —entre la libertad de expresión y la responsabilidad ética— es un debate recurrente que divide a la comunidad, y es precisamente en esa tensión donde el stand-up revela su potencia crítica: no como un género que ofrece respuestas, sino como uno que se atreve a formular preguntas, muchas veces, incómodas.

1. Práctica teatral en la que personas no negras se oscurecen la piel para caricaturizar a la población afrodescendiente

Comunicólogo de formación, especialista en narrativas trasmediales. Apasionado de la cumbia rebajada y el ron. Actualmente trabaja en un guion para largometraje.