Rock y letras // El mudo de la banda
Give a little respect to me
Erasure
“¿Por qué no tocas algo?” dijeron en la reunión familiar. Fui a mi habitación, saqué mi ampli y mi bonito bajo Squier, y me senté frente a mis padres, tíos y primos a demostrar mi talento en el instrumento. Cuando hice una pausa, una de mis tías preguntó: “¿Entonces, así suena el bajo?”. Para ese momento, ya llevaba años tocando y esa misma tía había acudido a los conciertos organizados por la academia donde aprendí el instrumento. Por lo tanto, todas las veces previas en las que esa tía me había visto tocar no tuvo mucha idea de lo que sucedía en el escenario; al menos, no notaba qué hacía yo ahí.
Esta anécdota es real, aunque podría ser uno de los tantos reels o memes que circulan por las redes donde se expone el trabajo de un bajista como algo invisible, irrelevante, inocuo, aburrido. ¿Por qué debería tener voz y voto dentro de la banda el “bajero” si es el que menos aporta, toca el instrumento más sencillo y ni siquiera se escucha? Ejemplificó este punto recordando el capítulo de Los Simpson donde Homero y otros hombres de Springfield van a un campamento de verano para vivir la experiencia de rockstar, Elvis Costello —el monitor de los instrumentos— dice a los aprendices de rockeros que no hay guitarras suficientes para todos, pero algunos podrían optar por “el bajo”. A continuación, Costello toca algunas notas en el instrumento, lo cual sólo provoca la cólera de Homero y compañía, quienes avasallan al músico y sacan las guitarras por la fuerza.
¿Se están riendo? Yo también, pero mi orgullo tampoco queda indiferente ante tanto menospreció a los bajistas. Vámonos respetando, para conocer y apreciar mejor este bellísimo instrumento.
El bajo eléctrico comenzó a popularizarse en los años 1950 como una alternativa más práctica y fácil de transportar a su hermano mayor el contrabajo. Dado el tamaño y la dificultad para ejecutar este último, el bajo eléctrico permitía tener un instrumento tan fácil de desplazar como la guitarra y capaz de generar sonidos graves que no se vieran opacados por otros elementos sónicos de la banda. El bajo clásico está compuesto por cuatro cuerdas y es ligeramente más grande que la guitarra eléctrica. Más que ser un instrumento protagónico, el bajo es esencial para la base rítmica de una agrupación musical; de ahí que un buen bajista sabe que debe apoyarse principalmente en las percusiones para darle vivacidad y dinamismo a lo que se esté interpretando.
Aquí empiezan los problemas. El hecho de que el bajo sea un instrumento “de acompañamiento” suele relacionarse con esta inocuidad de la que hablé antes. Claro, estamos más acostumbrados a escuchar canciones donde la voz únicamente se apoya en el piano o la guitarra; por lo cual, el timbre de estos instrumentos es más identificable para los escuchas. Por el contrario, la sutileza es generalmente la característica típica del bajo, lo cual no quiere decir que pueda prescindirse de él. El bajo genera atmósferas; sus vibraciones tocan las fibras corporales de la cabeza a los pies. Si una canción hace que muevas las caderas, agites los hombros, si hace que tu corazón casi se salga de tu pecho, seguro es por el bajo.

Ahora, va un poco de iluminación para quienes dicen que el bajo es “más fácil de tocar”. De entrada, el instrumento ofrece varias posibilidades de “ataque” (es decir, cómo se posicionan manos y dedos para tocarlo). Algunos usan plumilla, uña o púa (el nombre varía según cada país) para hacer sonar las cuerdas con la derecha, aunque otros preferimos usar los dedos índice y medio —o hasta el anular— por el puro gusto de rozar esos largos hilos de metal con las yemas de los dedos. La diferencia de sonido entre una técnica y la otra es notoria cuando el oído está bien entrenado. El ataque con púa suele ser más contundente y feroz, más adecuado para metal y rock pesado; por otro lado, el roce con dedos siempre me ha sonado más sensual, ideal para una balada o un tema de funk suave.
Empiezo un nuevo párrafo para referirme a la técnica favorita de los mamadores: el slap bass. Este modo de tocar el instrumento implica golpear las dos cuerdas graves con el pulgar; esta acción se combina con jalar las cuerdas agudas (pull) con el índice. Esta técnica evidencia la naturaleza percusiva del bajo, ya que vuelve al instrumento una especie de “pequeña batería” que no echa en falta los platillos o los distintos tipos de tambores que la componen. Maestros del slap, como el enorme Marcus Miller, nos muestran cómo levantar una canción y a una audiencia con una serie de jalones y golpazos a las gruesas cuerdas del bajo. Aclaro, finalmente, que llamo al slap “la técnica favorita de mamadores” porque muchos bajistas miden ante los otros sus alcances como intérpretes según su capacidad de aporrear al bajo. Por mi parte, puedo decir que el slap me encanta, pero lo considero un aderezo más en la amplia gama de modos de acercarse al instrumento.
Para terminar, es importante decir que en un bajo se pierde hacer cosas muy identificadas con las guitarras como tocar arpegios, sacar armónicos e incluso rasguear acordes. Aun siendo esto posible, el bajo tiene sus propias características distintivas y no necesita hacer un esfuerzo por asemejarse a otro instrumento. El bajo es un elemento poderoso, sin el cual muchas de nuestras canciones favoritas (de cualquier género musical) serían insípidas, desabridas.
Dejo pendiente para una próxima entrega la lista con algunos de mis bajeos favoritos. Por ahora, simplemente los invito a que sincronicen sus oídos en la frecuencia grave del espectro sonoro y disfruten con plena conciencia cómo el bajo nos hace vibrar.


