Desde hace más de 7 años, Stephanie Janaina y Nadia Lartigue se encargan de coordinar y dirigir la Biblioteca Itinerante de Coreografía, una iniciativa que busca dar acceso a una bibliografía que aborda el pensamiento coreográfico contemporáneo desde una mirada expandida. Con más de200 títulos en su acervo, esta biblioteca itinerante hace posible que materiales difíciles de conseguir en México lleguen a más lectores y especialistas. Platicamos con ellas y esto fue lo que nos dijeron sobre su proyecto.

¿En términos muy someros nos podrían decir qué es la coreografía para ustedes?

Stephanie Janaina: Mi respuesta se ve influida por el pensamiento de André Lepecki, quien me llevó a cuestionar la naturaleza de lo coreográfico. Para mí, lo coreográfico es la búsqueda de libertad a través de la movilidad de cuerpos, donde un «cuerpo» puede ser cualquier entidad con forma, incluso una piedra o un muro. Esto se relaciona con la perspectiva de Marcia Siegel, que describe la danza como un punto de fuga perpetuo, ya que desaparece al mismo tiempo que se crea. Siguiendo la idea de la coreografía política de Sara Goméz («el acto de organizar colectivamente los cuerpos con un propósito específico, un objetivo compartido»), entonces diría que la coreografía es la capacidad de organizar colectivamente los cuerpos en busca de libertad, aceptando que esta libertad implica su inevitable desaparición.

Nadia Lartigue: Cada día me es menos claro cómo responder a esa pregunta… pero mientras tanto, es la lente desde la que actualmente me acerco al mundo, para mirar cómo se mueve, cómo se organiza, a quiénes (cuerpos, objetos, cosas) implica. Es una estrategía de escucha que permite aproximarse a la vida desde el movimiento de las cosas, sus temporalidades y sus tejidos resultantes, y no sólo desde la predeterminación de sus identidades como algo cerrado y definitivo. 

¿Cómo nace el proyecto de la biblioteca?

En agosto 2015, al final de la primera conferencia de prensa que dio Mirtha Pérez, trás el asesinato de su hija Nadia Vera, la poeta regalo libros a todas las personas que asistieron. Al entregarlos su mensaje fue: “el único lugar seguro que nos queda son los libros”. Nadia era nuestra amiga y colega. Esa frase tuvo mucho impacto en nosotras, entre otras cosas, no habíamos entendido si se refería a que el único lugar seguro que nos queda está en la ficción (de un libro), o si sólo aquellas personas que tienen acceso a un libro (a la educación y estatus económico que representa) están seguras. Preferimos no pedir una aclaración y quedarnos con la duda, pero la incertidumbre, el miedo y la gran tristeza que sentíamos en ese momento nos impulsó a crear un lugar seguro, dónde quizás encontraríamos algunas respuestas. Así nació la B.I.C. La posibilidad de crear una biblioteca no personal probablemente ya trotaba en nuestras mentes, dada la importancia que había tenido el contacto con los libros en nuestras propias formaciones y prácticas artísticas. En México no era fácil acceder a una bibliografía que abordase el pensamiento coreográfico contemporáneo desde una mirada expandida, y no sólo desde una perspectiva histórica; menos aún para un montón de estudiantes esparcidos en distintas regiones del país.

¿Cómo se fue conformado el catálogo?

Empezamos haciendo una lista de los libros que nos habían afectado en nuestra forma de pensar o habitar la coreografía y otra con los libros que nos gustaría leer. En ambas listas había muchos libros que no se consiguen fácilmente en México. De ahí, nos dimos a la tarea de justamente conseguirlos y crear un acervo de todo tipo de publicaciones relacionadas con la coreografía contemporánea y sus diferentes puntos de fuga (Ensayo, Novela, Poesía, Dibujo, Bitácoras de creación). Algunos los hemos comprado, otros, aportado de nuestras bibliotecas personales; otros más, nos han sido donados por amigues, colegas, editoriales independientes y artistas-coreógrafes interesades en que sus publicaciones formen parte de este acervo.

Uno de nuestros parámetros es que la gran mayoría de los libros estén en lengua castellana. Al decidir esto, descubrimos un montón de publicaciones independientes del sur del continente americano y de España. Ante una idea de carencia, apareció un universo. Le apostamos al libro físico, con su peso y sus dimensiones, como una manera de honrar el ejercicio editorial desde las corporalidades a las que apela y que lo construyen. Sabemos que es una postura un tanto romántica, pero también lo vemos como un ejercicio de tiempo, como ese tiempo al que invita la lectura, que difícilmente entra en la lógica de lo veloz o lo inmediato.

La B.I.C., actualmente cabe en 4 huacales. No tenemos la intención de que crezca desenfrenadamente, porque ya no la podríamos cargar, cuidar y su itinerancia se complicaría. Hay una suerte de curaduría intuitiva en nuestros libros, que podría mutar; tal vez en algún momento, un libro deje de ser pertinente para este conjunto de libros, y tenga que venir otro a reemplazarlo. Por lo pronto son alrededor de 200 títulos, y es posible que nos mantengamos un tiempo más por ahí, porque los libros tienen que lograr seguirse moviendo, como las ideas y los cuerpos. 

¿Cuáles son los libros o materiales más consultados?

Varía mucho, aunque hay algunos consentidos, y otros que llaman la atención por el plateado de sus portadas, o por lo provocador de sus títulos. Pero en ocasiones, quienes se acercan tienen investigaciones artísticas específicas y enfocadas en temas particulares, y ahí nos toca jugar el rol de bibliotecarias. Afortunadamente, no todos compartimos las mismas ideas. Recientemente, alguien solicitó asesoramiento sobre un tema que no conocemos en profundidad: corporalidad y capacidades diversas. Dado que nos interesa mucho, nos impulsó a investigar, descubrir autores y buscar la posibilidad de conseguir dos o tres libros relacionados con ese tema. Ayer otra persona escribió solicitando bibliografía en torno al K-pop, pero de eso sí que no tenemos ni idea. Del perreo ya hay cosas muy interesantes, pero del K-pop, habrá que ver qué se produce… o habrá que irlo a buscar. 

Existen pocos espacios, o quizá son muy especializados, para hablar y pensar la danza en México ¿cuáles son los lugares en los que la biblioteca funciona? 

La Biblioteca se adapta a cualquier espacio que esté dispuesto a recibirla, cuidarla y compartirla. Esto se traduce en universidades y escuelas con programas de danza o coreografía, hasta centros culturales que pueden incluir museos y espacios independientes dedicados a las artes escénicas. Incluso, ha sido adoptada por bibliotecas y librerías más grandes que carecen de un catálogo en coreografía contemporánea. También la hemos instalado y abierto al público en las salas de nuestras casas. La B.I.C. tiene un espíritu nómada y ha viajado por México, desde Chiapas hasta Chihuahua, aunque aún quedan muchos estados, ciudades y rincones por visitar. 

Además de generar los espacios de consulta y charlas, ¿presentan proyectos?

Sí, hemos invitado a varies artistas a presentar piezas y performances con los libros de La B.I.C., a veces en relación a su propia práctica y otras en relación a publicaciones que luego serán parte del acervo. También La B.I.C. ha acompañado algunos ciclos de presentaciones coreográficas. Eventualmente, uno de nuestros sueños es generar también un espacio editorial coreográfico, colectivo y experimental. Tenemos una idea de hacer un “libro verde”, si nos animamos a hacerlo, ya les contaremos más sobre ese proyecto.

¿Qué otros proyectos tienen pensados durante los próximos meses?

Hemos de confesar que La B.I.C. es nuestro proyecto cool, es decir, ese que siempre nos encanta hacer y para el cuál no nos imponemos ninguna presión. Es un proyecto que hacemos con tiempo y recursos personales. Esta dinámica genera que muchas veces aprovechamos más las oportunidades que se van dando. Lo que más nos interesa es que La B.I.C. vaya circulando y la gente tenga acceso a ella. Para conocer su casa temporal, siempre se puede checar en el sitio web (bicdemx.weebly.com), o en alguna de nuestras redes sociales y acercarse.