Rita Fernández: la materia, la carne y el hilo
Hay cosas que pertenecen al interior del cuerpo: una vena, un órgano, un fluido, una herida. Otras lo cubren o lo adornan: ropa interior, un encaje, un hilo, el cabello. En About Restraint and Surrender, Rita Fernández (México, 1999) reúne unas y otras en una misma superficie pictórica. Corazones, venas, fluidos, gangrena y cuerpos que se encuentran aparecen junto a prendas y materiales que desplazan continuamente la imagen entre el cuerpo y la pintura.
En la obra de Fernández, un órgano puede convertirse en una mancha, una vena en una línea, un fluido en color: la anatomía deja de ser únicamente anatomía y se vuelve composición. Algo similar ocurre con aquello que normalmente apartamos de la mirada: la enfermedad, la descomposición, la sangre, el interior del cuerpo. Al pasar por el óleo, estos elementos adquieren otra condición. Siguen siendo reconocibles, pero también son forma, textura, volumen y color. La pintura no elimina lo incómodo de estas imágenes; lo convierte en algo que queremos seguir mirando.

En La Sopa de Moléculas y Shed my ribbons, darling, algunos materiales prolongan esta operación: el cabello humano y la cera de abejas forman parte de la obra y hacen que la superficie pictórica adquiera una dimensión física. En Wedgie, el encaje introduce la idea de una segunda piel. El uso de hilos y ropa interior remite a un cuerpo entendido como superficie, que se viste, se adorna y se expone. Así, lo cotidiano y lo corporal se encuentran, sin que sea posible determinar del todo dónde termina uno y comienza el otro.

En este sentido, resulta pertinente la noción de abyecto desarrollada por la filósofa y teórica feminista Julia Kristeva para referirse a aquello que el cuerpo expulsa o esconde y que, precisamente por amenazar sus límites, provoca rechazo. Lo abyecto aparece así en ese lugar ambiguo donde se desdibuja la frontera entre lo que pertenece al cuerpo y aquello que debe mantenerse fuera de él, poniendo en crisis la separación entre interior y exterior. Más que representar aquello que provoca rechazo, la pintura puede entonces hacer visible esa tensión y obligarnos a permanecer frente a aquello que normalmente apartamos de la mirada. Fernández lleva esos elementos al terreno de la pintura sin neutralizarlos. La sangre, el fluido, la herida o la descomposición pueden producir incomodidad y, al mismo tiempo, atracción. Entre ambas respuestas se mueve buena parte de su trabajo. La carne, en sus pinturas, no es solamente aquello que se representa, es también aquello con lo que se pinta.



