He leído y escuchado a varios columnistas referirse a la ansiedad que viene con tener un espacio diario, semanal o quincenal en algún medio de difusión. ¿De qué versará la siguiente entrega? En cuanto a los asuntos que tratamos en este espacio, he de confesar que a veces pienso que es mejor ponerle tapa a la pluma y dejar al rock descansar en paz. Sin embargo, hay ocasiones en las que el tema es tan omnipresente y relevante que el columnista no tiene más opción que darse un clavado en el asunto y enterarse de dónde viene tanto escándalo. En el caso de este texto, hago una pausa en mis notas pendientes y escritos programados con antelación para tratar un fenómeno viral que nos recuerda que el rock siempre trae un as bajo la manga, aun cuando parece más que sepultado en el cementerio de la novedad.
Mi primera referencia de Angine de Poitrine fue una videoreseña del crítico Anthony Fantano (el autonombrado “nerd musical más ocupado de la Internet”). Los comentarios que hizo Fantano sobre su álbum más reciente —Vol.II— aludían al carácter experimental del mismo, la estética visual extraña y una vibra innovadora que (según él) aún no terminaba de cuajar. Me quedó como asignatura pendiente echar una oída al disco, idea que quedó archivada en algún lugar de mi cerebro desorganizado. Un par de semanas después, mi compa Moy empezó a compartirme videos de YouTubers, tiktokers y demás fauna virtual hablando del dúo de quebequenses, quienes ya eran encumbrados por el análisis musical de las redes como “el futuro”. Así los calificó Rick Beato, músico, productor y periodista de rock con un canal de YouTube seguido por millones de usuarios.
Cuando hay tanto ruido, la cautela es la mejor consejera. Hace unos diez años, varios representantes de la prensa musical vaticinaban que la banda Greta Van Fleet traería de vuelta al rock a los primeros lugares de las listas… y nada. Frases como “el futuro de la música” o “la salvación del rock” suelen generar muchos clics, pero pueden ser sólo eso: un modo de asegurar la subsistencia de un canal en redes. La curiosidad y los algoritmos monotemáticos fueron demasiado para evitar más tiempo la escucha de la multicitada segunda opus del peculiar grupo. He aquí algunas impresiones.
Empecemos por lo visual. Los miembros de la banda aparecen enfundados en túnicas que combinan fondos blancos con puntos negros y viceversa. Los rostros de los músicos aparecen cubiertos por máscaras estrafalarias de narices enormes; una de ellas —me parece— con una reminiscencia de las cartas de la baraja topada por un “sombrero” de pirámide invertida, la otra como una de las cabezas gigantes de la isla de Pascua. El espectáculo comienza con solo verlos ejecutar sus piezas mientras el guitarrista/bajista Khn carga ambos instrumentos y opera pedales que graban los loops recién ejecutados, sobre los cuales se elabora otra melodía; por su parte, el baterista Klek aporta el ritmo con la batería. Así los vemos interpretando un showcase de varias canciones de sus dos álbumes en el video viral que ha fascinado a mirones y creadores de contenido.

En cuanto al sonido, hay dos puntos que quisiera mencionar a detalle. El primero es la herencia que toman del llamado math rock de bandas como Tool o Battles. Esta tendencia alude a la construcción de piezas musicales siguiendo patrones matemáticos. En sentido estricto, la música misma es un fenómeno físico-matemático; sin embargo, el math rock hace énfasis en determinar las características de una pieza sin pensar tanto en la construcción de estrofas y coros, sino en cómo se puede jugar con la matemática en la génesis de una composición. Sin meterme en tecnicismos, podría ejemplificar esto imaginando una pieza donde dos compases de 3/4 son seguidos por tres compases de 4/4 y después por cuatro compases de 5/4. Con esto se logran sonoridades retadoras para el oído humano, acostumbrado a piezas que siguen patrones rítmicos regulares, sobre todo en tiempos donde la presencia del dembow (el tuu pa-tu-pa tuu del reggaetón) parece inescapable.
Con independencia de lo arriba mencionado, más llama mi atención de los Angine la facilidad con la que incluyen microtonos en su música. ¿Qué es esto? Recordemos que la música occidental suele dividirse en ciclos de 12 notas; a la distancia entre una nota y la siguiente se le llama “semitono”. Viéndolo en una guitarra convencional, cada traste representa un semitono, lo mismo el brinco de una tecla del piano a la siguiente (sea blanca o negra). Los microtonos son las posibles notas intermedias entre los semitonos. Es decir, si suena un la más agudo que de costumbre (sin llegar a la sostenido), esto no se entiende como un error en la afinación, sino como una nota distinta que así debe ser tocada.
Las sonoridades occidentales no suelen explorar mucho los microtonos dado que, por un lado, los instrumentos suelen estar calibrados de acuerdo a estos ciclos de 12 notas; por otro lado, el no estar habituados a su presencia hace que nos parezcan fuera de lugar o producto de un instrumento “desafinado”. Sin embargo, instrumentos como el sitar o el laúd árabe permiten incluir estos colores a la paleta musical. El amigo Khn del dúo canadiense toca una guitarra y un bajo customizados para producir microtonos, lo cual a veces aporta un sonido como de computadora antigua cargando un nuevo programa, mientras que otras —como en “Utzp”— resalta un aire balcánico sin sonar a banda de catálogo de Putumayo.
Raros, versátiles, innovadores… los creadores en redes andan locos con el sabor del mes, desde el experto en mercadotecnia Will Francis arguyendo que la banda surge como respuesta a la música plana y falta de imaginación generada por las plataformas de IA hasta los clavados en la textura que buscan el fundamento matemático tras sus creaciones. En lo que el humo se disipa y los ánimos se atemperan, yo debo agradecerles a los quebequenses en cuestión que me dieron un tema nuevo para esta columna sobre un género musical del que en el presente parece que todo está dicho y no hay mucho más hacia adelante. Sean o no los trendy de la semana (antes de pasar a lo siguiente), por lo menos yo seguiré la pista de Angine de Poitrine pendiente de qué harán a continuación. Hoy, cuando menos, es la tercera o cuarta vez que escucho Vol.II completo y sigo sintiendo cómo sus sonidos me intrigan y envuelven, lo cual no sucedía hace mucho tiempo.
