Letras,  Pensamiento

Ni un milímetro a la derecha // Notas en mi bitácora de que(no)haceres / Agosto

1.- Cosas del siglo XIX: En un inicio me dirigía a un café ubicado en la colonia Juárez al cual acudo desde hace años, y que posee una colección de añejas máquinas de colado que vale la pena contemplar —cuando fui por primera vez estaba lleno de gitanos, pero ahora ellos se han ido y nosotros nos hemos quedado—. Pero antes de llegar, pasé junto a una ventana por la cual se podía observar cómo preparaban una pizza al horno (jitomatitos enteros colocados sobre una masa blanca esponjosa). Tal curiosidad me condujo al pasillo de una casona del siglo XIX convertida en coworking: molduras de cantera, balcones de emperejilada herrería y un entorno de vegetación que tiene la encomienda, seguramente, de servir para el disimulo que toda precariedad necesita para sentirse integrada al emprendedurismo de cabeza hueca. ¡Poderoso rayo gentrificador, transpórtame!Al fondo del lugar se encontraba el Café “Ñañañá”, “Bululú”… no recuerdo el nombre, y en el cual ya estaba pidiendo yo mi americano grande cargado: prostituto del ornamento, dejé para otro día el tradicional café de cafeteras, para no-emanciparme entregándome a la mera curiosidad cosmopolita. Por eso ahora estoy tecleando aquí mismo esto, imbuido en el siglo de la revolución industrial: un tono porfiriano de apariencia sosegada que funciona correctamente en nuestro siglo de la tontería de reels y dictaduras informáticas… Pero, sí, a pesar de todo, confortable: todos con nuestras compus, tecleando cosas “importantísimas”, como lo hago yo ahora. Esa sensación de inclusión workaholic; pocos charlando ante una mayoría concentrada en los movimientos de su pantalla, tecleos que hacen aparecer manchas y símbolos en un fabuloso full HD. Dispendio del tiempo con plenas ganas de abstraerse en la nada: que nadie nos moleste en nuestro jardín privado-primitivo. Que nadie entorpezca nuestra calma. Lo que hacemos, ya decía, parece crucial para el desarrollo del universo. O… ¡NO! Pero al menos ¡defendemos el derecho a no ser molestados!

2.- Derecha y morlacos del otario: ¡Cómo juega el gato maula con el mísero ratón!, canta aquella joya del tango “Mano a mano”, con letra de Celedonio Flores y música de Gardel y José Razzano:

Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta

Los morlacos del otario [1] los tirás a la marchanta

“Hoy”, o… “solo por hoy”, como reza la consigna de los Narcóticos Anónimos…

Hans Magnus Enzensberger decía en su libro “El perdedor radical” [2] que en el extremo de un narcisismo fincado en la idea de patria, y macerado en el contexto del desencanto de quienes se imaginan traicionados por la cultura, las derechas maduran bien. Esa pérdida radical les junta con otros, a quienes en el fondo desprecian según una afinidad vinculada al “fracaso”. Y, de pronto, de esa desilusión generalizada, aquella masa amorfa encuentra un sentido para avanzar, retrocediendo:

¿Y qué sucede cuando el perdedor radical supera su aislamiento, cuando se socializa y encuentra una patria de perdedores con cuya comprensión e incluso reconocimiento pueda contar, un colectivo de congéneres que le dé la bienvenida, que lo necesite? Entonces la energía destructiva encerrada en él se potencia hasta la más brutal ausencia de escrúpulos; se forma una amalgama de deseo de muerte y delirio de grandeza, y de su falta de poder le redime un sentimiento de omnipotencia calamitoso. Para ello se necesita sin embargo una especie de detonador ideológico que haga estallar al perdedor radical.

A pesar de que después en su libro el autor simplifica estas premisas, sí alcanza a plantear algo repetido a lo largo de la historia, y que hoy se incrementa vigorosamente impulsado por discursos muy mediocres sobre la defensa de cualquier cosa: una consigna parcial a la que siempre le faltan argumentos, con los cuales se negarían fácilmente sus primeras conclusiones. Acá, por ejemplo, solo un sondeo perceptivo: donde me encuentro, la gente parece pasiva y adecuada al espacio que ocupa. Pero, ¿y si les preguntara qué piensan sobre la política o el arte? No puedo avanzar sobre lo que no conozco, claro, así que los dejaré en paz. Hablo solo por un tanteo conseguido en encuentros múltiples a lo largo del tiempo, que me hace estar prevenido. En todo caso, hablaré de lo que sí conozco: en los grupos en los cuales he participado y donde hay, por supuesto, gente brillante, suele aparecer, sin embargo, una tendencia a la parcialidad, a la radicalización de posturas, lo cual sirve para defender un jardín íntimo de privilegios. En ese sentido, siempre llevo en la mente la diferenciación no dogmática que Deleuze lleva a cabo entre las nociones de derecha y la izquierda, en una famosa entrevista que le hiciera su alumna Claire Parnet (L’Abécédaire de Gilles Deleuze). Ahí, en la letra G que le correspondía al tema de la definición de “izquierda” (gauche) [3], decía que ser de derechas es como una dirección postal, que comienza percibiendo dónde se ubica uno mismo, para luego avanzar hacia la calle, la gente que ahí transita, el parque, la entidad federativa, el país, etc. hasta completar el espacio territorial de la lejanía. Es decir: antes que ninguna otra cosa, uno mismo, para así avanzar privilegiando lo más cercano para la perdurabilidad de las ventajas de esa situación, a pesar de todo problema foráneo. Y que lo contrario, ser de izquierdas, implicaría observar los límites del mundo primero, su horizonte y contornos, para solo así encontrarse con uno mismo.

 Interesante plantear esto en épocas de testarudez globalista que, desde una postpolítica escéptica de eso que se entiende –pésimamente– por ideologías, elimina toda sensibilidad y modos de vida. Porque es desde ello donde se activa la defensa de los territorios, en un más allá de su materialidad: si lo otro es como lo mío en su belleza y naturaleza, ¿no merecerá el absoluto respeto? Si, por el contrario, eso otro no reconoce a su vez mi belleza como otredad, ¿deberemos prestarle atención? Ensimismados como estamos en la inmediatez de nuestros dispositivos, no solo nos han personalizado la experiencia, sino toda expectativa para las relaciones complejas. Ese “gato Maula” jugando con las “ratonas” entelequias de quienes defienden ideas pequeñitas, solo para decorar su jardincillo, para dotarle de aromatizante y luces controladas mediante una app… Luego, no solo las derechas auto-declaradas son peligrosas, sino también estas muy medianas que no se perciben a sí mismas como tales, y ante las cuales no se debe ceder ni un milímetro. Sobre todo cuando se encuentran escondidas dentro de nuestra propia subjetividad… No me cabe duda: la próxima vez sí llegaré al café de las cafeteras y los gitanos ausentes.

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Notas

[1] Los “morlacos del otario” quiere decir, en el lunfardo de Buenos Aires, “el dinero de los tontos”.

[2] Hans Magnus Enzensberger, El perdedor radical: ensayo sobre los hombres del terror, trad. Richard Gross (Barcelona: Anagrama, 2007).

[3] Revista Adynata, «Letra G (gauche) izquierda / Gilles Deleuze,» 4 de noviembre de 2021, https://www.revistaadynata.com/post/letra-g-gauche-izquierda—gilles-deleuze.

Escritor y artista multidisciplinario. Algunos de sus libros publicados son «No tocar. Anotaciones sobre el riesgo posmexicano» (ensayo, Ediciones Periféricas); «Calibán no ha muerto” (ensayo, Colores primarios); «Poetas esclavos, máquinas soberanas» (ensayo, Centro de Cultura Digital); «Tanuki y las ranas» (novela, Librosampleados); «Abandona Silicia» (novela, Amphibia editorial); «Espejo-ojepse» (noveleta experimental, Puntodata); «Periferias y mentiras. Textos sobre arte, banalidad y cultura» (ensayo, Fomento a la Cultura Ecatepac); «Arx poética» (poesía, Editorial Literal); o «Reven» (XX Premio Interamericano de Poesía Navachiste, 2012). Ha compilado los libros “Textos postautónomos: para comer las nuevas ficciones”; “Citas caníbales”; “Anti-Pro canibalia”; “La ternura de Georges Bataille” de Juan García Ponce y “Pensamiento y poesía” de María Zambrano, entre otros. Coordina la editorial Cinocéfalo. Ha presentado obra visual en México, España, Japón, Irlanda y Dinamarca. Actualmente es presidente de la Asociación de Escritores de México. http://cesarcortesvega.com