En la tierra yerma de las transformaciones,

la fundación y el cataclismo se besan a dentelladas desde tiempos primordiales.

Vacían sus interiores uno en otra,

entre feroces orgasmos ríen de como nos ensoberbecen nuestras obras

y, de soslayo, de como lloramos a la vera de la destrucción.

Los despojos son la encarnación del cataclismo,

la fundación lima, amasa, deforma,

el cataclismo corona todas las transformaciones.

Y después, siempre el silencio de las cenizas,

los ruidos suspendidos del polvo.

***

Pero yo al final también deshilé las sombras de mi interior y me hice un rebozo.

Con las sombras deshiladas de mi interior, desconsolada, me hice un rebozo de tristeza

con orlas de desesperanza.

Envuelta en él me derrumbé a llorar en la vecindad de lo perdido.

Y fui absurda.

Y fui ridícula.

Y fui humana.

***

La fundación y el cataclismo se aman, y nada es para tanto,

saben que el mundo es una piñata,

una piñata nuestra vida.

Todo resquebrajan sus transportes,

el deseo, es el bruñido hilo los ata.

La reconstrucción es su hija,

la creatura de ojos brillantes que te espera al final del túnel.

Recién nacida, es la oquedad que te despelleja de dentro para afuera,

es una niña que tiembla en la encrucijada obscura

bien envuelta en sus andrajos de hambre y brotes de enfermedad.

En el colapso, cuando entre el polvo y los pedazos ingrávidos

sabes que no hay a dónde huir,

ella, adormilada y excitada aguarda en los restos,

en los restos que para embellecerlos masacramos flores.

Ni las gloriosas flores se salvan del toque sacrificial de sus padres,

el beso de la hija es lamer calaveras, recoger los pedazos.

Ella es el fiero abrazo de la metralla,

ella no se decanta, se estrella.

Los cielos amarillentos de aire convertido en llamarada

que afilan dolorosamente tus pupilas,

los puños que no se levantarán más,

las manos cortadas que arrancan de la tierra lo que sea,

el cirio de los rezos silenciados donde se encuentra la fe.

Ella es la negrura que dolorosa regurgita luz,

tiene intacta su carga de quemantes resplandores fúnebres,

de pechos empedrados con sollozos.

De un lado al otro, por donde ya no hay lados,

solo el abismo sin paredes,

la pesadumbre sin esquinas.

Y en el fondo, la vida, la fe, la paz.

Los túneles son también columnas,

ella es la creatura que en el vértice de la columna invertida,

espera hierática tu adivinanza

y bosteza riéndose de nuestras preguntas.

En el diminuto siempre de la efímera humanidad,

sus preguntas han sido las siempre mismas,

la creatura con alas de rasgadas hojas otoñales se despereza.

***

Mesé mis cabellos y di alaridos cuando las lágrimas impecablemente cesaron.

En la nada, sin ojos, las lágrimas son un sinsentido.

Ya no había ni sombras que tejer,

entrelacé mis brazos y los rasgué.

Mi piñata manaba roja rabia, rojísima impotencia,

que al humedecer las cenizas las convertía en adoquines

Salpiqué sangre cuando te devastaron.

Mi sangre te reconforte.

Mis dentros asalmonados dieron un grito de libertad.

Mi sangre clave tus puntales.

En el implacable paraje de las mutaciones,

intercambié mis latidos por estertores.

Mi sangre encaje tus cimientos.