Este ensayo lo escribí casi en su totalidad dentro de una oficina y en horarios de la jornada laboral. Una forma de resistir desde el lugar que se crítica e introduciendo una diferencia, una temporalidad y una fuerza distintas a las de la utilidad.

 

El detonador

Llevo algunos años cavilando sobre cómo vive el trabajo la sociedad de esta época. Con el tiempo, además, ha sido un tema que ha cobrado fuerza y resonancia en la cultura: se escriben múltiples artículos, se citan estadísticas y se habla de nuevas formas de trabajar; se hacen memes, sitios de internet, etc.

El trabajo es un problema que ha acompañado a la vida humana durante toda su historia y constantemente se presenta como conflicto, crisis y brecha.

Han existido diversos movimientos laborales relacionados con este problema, en México desde la huelga de Cananea en 1906, la de los ferrocarrileros en los 30´s y 50´s, la de la UNAM en 1999, hasta hace poco con las protestas ante las recientes reformas estructurales, como la educativa que tiene un trasfondo laboral. En otras partes del mundo como en Francia, los ciudadanos vivieron su Nuit debout [1], que surgió como movimiento ante una reforma laboral que afectó directamente a las condiciones de vida de los franceses.

¿Por qué hablar sobre el trabajo y particularmente sobre esta figura específica? Porque hoy vuelve a ser necesario problematizar el asunto ante los cambios en las formas de trabajo y de nuestro sistema económico. Por ejemplo, a la producción material actual se agrega la producción simbólica e intangible, aparecen nuevas categorías de trabajadores: los precarios y los menos precarios, los trabajadores de alto valor añadido y los de poco valor añadido, los freelancers, los obreros, los informales, etc. Y, para terminar, se suman los cambios de esta fase “final” del capitalismo: perdida radical de los derechos ganados en luchas anteriores, como la seguridad social y una precarización de todos los servicios, cambios favorecidos por las privatizaciones y las políticas de austeridad.

Este ensayo intenta reflexionar sobre el trabajo hoy y hacer visible un estado de cosas. Su propósito es levantar acta de un malestar, y ése sea quizá su gran mensaje. Levantamos acta de un malestar a partir de una experiencia particular: la de nuestra propia vida como trabajadores, singular e irreductible a cualquier teoría o interpretación —aunque habrá algunas teorías que serán muy útiles—.

Este texto intenta aportar teóricamente y tomar parte de esa fenomenología relajienta que circula en nuestro imaginario contemporáneo con el nombre de “Godínez”[2]. Eso que nos habla de una banalización y de un mecanismo de defensa que se identifica dentro del mexicanismo de burlarnos de las desgracias y que, sin embargo, como veremos, se trata de una situación profundamente seria y política, pues en ella se juegan la dignidad y decencia de una multitud de trabajadores.

Los Godínez seguimos siendo clase trabajadora y sufrimos los efectos del capitalismo neoliberal, somos precarios, perdemos cada vez más derechos, somos herederos de cierta burocracia, podemos ser presas de la ideología del éxito y nos rodeamos del fantasma de la clase media, una especie de ilusión que genera la sensación de que escalamos un nivel en la pirámide social. Además, Godínez tiene una conexión directa con ciertos rasgos de un estereotipo de lo mexicano: el folklor, la sumisión y la obediencia. Godínez se vuelve una figura problemática que responde a condiciones económicas y socioculturales de nuestra época. Pero en este texto el término Godínez también desea expresar resistencia y posibilidad.

 

Resistencia porque los Godínez vivimos en carne propia la alienación de la oficina contemporánea —horas extras, pagos injustos, explotación, estancamiento, reclusión, etc.— y al mismo tiempo inventamos formas de vivir juntos: comidas, salidas, complicidades, trabajo en equipo, amistades, amoríos, etc. Los Godínez mantenemos estrategias de la “resistencia obrera”, como el ausentismo o bajar el ritmo de la cadena de producción. Sabemos cómo burlar el ritmo de la máquina capitalista y poseemos un saber (ya sea el de la nómina, el de los procesos, el de la agenda del jefe, el del software) que, en determinado momento, si así lo deseáramos, podríamos utilizar para proponer otra manera de trabajar o de simplemente dejar de hacerlo.

Posibilidad porque los Godínez somos clave para la máquina capitalista, sostenemos parte del flujo de trabajo del gran capital; los Godínez vivimos desde dentro el movimiento de la bestia y allí reside la posibilidad de que seamos un colectivo y cuestionemos la forma de trabajar en el campo de la oficina contemporánea.

 

 

 

Esta resistencia y posibilidad Godínez se ven expresadas en distintas obras de la literatura, entre ellas Fight Club, de Chuck Palahniuk; Bartleby, El escribiente de Herman Mellville;  y El proceso, de Kafka.

Fight Club es el relato de un trabajador común que logra escindirse para crear una personalidad que resiste y capaz de crear un grupo de trabajadores que desestabilicen al sistema corporativo del capital.

Bartlebly, por su parte, tiene distintas lecturas, desde la potencia de NO de Agamben hasta el sujeto del rendimiento de Chul Han. Un escribiente de oficina un buen día enuncia: “Preferiría no hacerlo”; prefiere no hacer nada, no comer, no trabajar, no caminar, no producir, pero no como una negación caprichosa y pasiva, sino que expresa un deseo, una preferencia activa. Potencia de NO que va contra el siempre SÍ del capital, el sí acepto, el sí se puede, el sí me entrego; en el decir NO existe toda una potencia y una forma de resistir. Y Kafka, quien en El proceso expone cómo la máquina burocrática puede generar un proceso de sufrimiento, deuda y culpa en los trabajadores sin que éstos sepan realmente por qué. Enrique Serna, en el texto “Defensa de Godínez”, expone que Kafka es “el Godínez más atormentado y lúcido de la historia” ya que “no hay mejor acicate para la rebeldía que ver desde adentro la maquinaria”.

El oficinista tradicional puede resistir porque sabe dónde está y por qué está ahí.

En realidad, escribir acerca de los Godínez es un detonador para comenzar con la propuesta de estos cuatro grandes campos de reflexión para pensar la subjetividad del trabajador contemporáneo y su lugar en la época.

 

 

  1. La época y el papel de los trabajadores

 

Hoy vivimos un cambio de época, una encrucijada histórica. No es que el fin de nuestra civilización esté cerca, es que ya ha llegado y continúan sus efectos.

El lazo social se encuentra fracturado. El lazo hoy se hace vía el capital, lo que quiere decir que las relaciones sociales se basan en intereses, competencia y se realizan mediante el principio de la máxima ganancia individual. No hay instituciones que protejan, sino un enfrentamiento directo con la catástrofe. Hoy no hay códigos que regulen a la sociedad, como el intercambio justo, la lealtad o la amistad. Sólo existe un orden económico que gobierna y produce una subjetividad específica, altera al cuerpo y a las formas de vivir.

La guerra no es una contingencia, es una condición de posibilidad del capital: guerra, economía y dinero son tres componentes ontológicos del capital. Hay guerras por todas partes, entre mujeres y hombres, entre las razas, entre las naciones, contra los animales, entre nosotros, etc. El neoliberalismo ha anunciado su fase fascista, o habrá que encontrar un nuevo término. Existe un claro deseo de exterminio y de despojo de tierra e identidad a todos los demás pueblos.

Por mencionar algunas propuestas filosóficas que anunciaron este estado de cosas en el mundo, se encuentran las de Heidegger, Nietzsche y Marx y en la actualidad las del Comité Invisible y Maurizio Lazzarato.

Heidegger en su diagnóstico sobre la época apunta que existe un aburrimiento de orden ontológico: “en definitiva somos de tal manera que un aburrimiento profundo se extiende sin fin, como una niebla silenciosa en los abismos del dasein[3]. La cita se puede comprender como la pérdida del deseo de todo proyecto; los seres humanos no mantienen el compromiso con ningún proyecto, aburridos y presos en un automatismo técnico que opera: “¿no somos los que se sienten condenados a pasar el tiempo desde el momento en que no tenemos ningún proyecto que nos asalte, nos entusiasme o que simplemente nos comprometa?”. [4]

En otra línea antropológica, Nietzsche ve al último hombre como aquél que se instala en el conformismo, en el resentimiento y la debilidad, y es incapaz de crear sus propios valores; es un ser masificado que se somete a la esclavitud sin más, no le queda más que servir a su amo. Todo se ha vuelto vano, se vive en un mundo de apariencias y sin convicción alguna que defender.

En el concepto hombre de Marx el trabajo cumple una función ontológica: es lo que lo define, el punto nodal donde se articulan hombre y naturaleza. El trabajo es la expresión de la vida del hombre en el mundo, es la vía por la que podemos transformar el mundo. Para Marx el hombre es su ser concreto y se realiza modificando la naturaleza para satisfacer sus deseos. La producción del hombre por el hombre es un proceso histórico. Además, dentro de esa noción de hombre existe el hombre alienado o aquél que no coincide consigo mismo porque ha sido despojado del objeto producido y de su valor. El comunismo implicaba una etapa, un medio para lograr que el hombre coincidiera consigo mismo y se encontrara con el común. Sin embargo, sabemos que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, el proyecto de vivir juntos perdió consistencia, todo aquello que alguna vez pudo sostener una visión del mundo se desvanece: tipos de referencias, sistemas de valores, las leyes, los tabúes, la naturaleza, etcétera.

El Comité Invisible, por su parte, afirma que el problema al que nos enfrentamos en la época es filosófico: “se trata de comprender que nuestra civilización está ya muerta. Nos enfrentamos ante un fin con implicaciones afectivas, existenciales y metafísicas.

Lo que estos autores nos permiten establecer es, pues, que el trabajador como sujeto de nuestra época se ve atravesado por tales propuestas antropológicas y diagnósticos de la época.

El trabajador contemporáneo encarna parte de este espíritu de la época al formar parte de una comunidad de seres humanos que parecen vivir sólo para el trabajo sin un aparente proyecto político y de construcción de mundo. ¿Para qué seguir trabajando, después de tantos proyectos fracasados, de dejar correr la historia sin finalidad ni objetivo, de estar atrapados en la repetición de lo mismo?

Tal vez no sea gratuito que en los campos de concentración nazis se inscribiera en lo alto de las puertas de entrada la leyenda Arbeit macht frei o “El trabajo te hará libre”, una broma pesada, verdad a medias y condena para la vida: ¿para qué trabajamos?

Entonces está pendiente definir el lugar del trabajador en un estado de cosas y en una época en donde comanda el capital, sus guerras y sus derivados, machismo, racismo, clasismo, consumismo, individualismo. Un estado en el que la vida es vista como nuda vida: “La nuda vida es la vida a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable, del homo sacer”. La nuda vida en el trabajo se ve expresada en el neo esclavismo, por ejemplo, de Grupo Inditex, y también en acciones gubernamentales como la que los Estados llevan a cabo haciendo recortes en gastos sociales y quitando protección al trabajador, quien es visto como un simple recurso o, en el mejor de los casos, un activo más. Godínez es una forma de nombrar esa nuda vida o zombie a la cual se asocia, Godínez entonces es una etiqueta para restar potencia a lo que un trabajador de oficina o corporativo podría proponer en el ámbito específico de su trabajo. Godínez expresa que el trabajador como lo conocíamos ha muerto, ya no hay trabajador, hay nuda vida que trabaja.

El trabajador, los Godínez, los freelancers, los informales, etc. Tenemos una función fundamental porque construimos el general intellect[5]; es decir, el conocimiento social, producido por todos los trabajadores que permite que el capital fluya, capaz de transformar al mundo y que hoy sirve al propio capital. Tenemos la posibilidad de proponer otra forma de vivir juntos.

  1. Godínez: la posibilidad de apropiarse del trabajo y su alegría

En cada hombre existe una facultad creativa virtual. Esto no quiere decir que cada hombre sea un pintor o un escultor, sino que existe una creatividad latente en todos los dominios del trabajo humano… Todos los trabajos tienen una suerte de relación con el arte; y el arte ya no es un tipo aislado de actividad o de reunión, con personas capaces de hacer arte mientras las otras deben hacer un trabajo […] Hablo de la creatividad en todas las actividades y en todas las formas de trabajo, no solamente en el arte, de una creatividad que libera al trabajo y lo eleva al rango de acto libre y revolucionario.

Joseph Beuys

La cita de Joseph Beuys que aquí replico abre un fragmento del libro Políticas del Acontecimiento de Lazzarato. Y esa cita logró que renunciara a la necesidad de dividir al ser del trabajador en distintas etiquetas: Godínez, creativos, obreros, etcétera. Me permitió encontrar un punto en común entre todas las actividades productivas y no productivas: la invención o la actividad libre, por ejemplo. Esta forma de conceptualizar el trabajo es muy útil para exponer el siguiente punto de este ensayo: la posibilidad que existe para los Godínez, y en general para todo trabajador, de liberar el trabajo o de apropiárselo.

Esta nueva manera de pensar el trabajo relacionándolo con el acontecimiento, podría transmitirla de la siguiente manera: un acontecimiento es la emergencia de una singularidad en medio de la indiferenciación del caos, y trabajar implica vivir el y en el acontecimiento, un trabajador está siempre frente al caos y lo que se le pide es organizarlo, darle un sentido, recortarlo, editarlo, etcétera.

Repetición: existe una concepción del trabajo como reproducción, la imagen del trabajador en la cadena, sean los obreros en la fábrica, sean los asalariados en las empresas destinados a reproducir valor. Pensar el trabajo como reproducción es despojar al trabajador de su potencia inventiva y de su capacidad para proponer nuevos problemas y nuevas soluciones. Es el trabajador como zombie, como simple ejecutor de tareas, sin voluntad o deseo singular.

Diferencia: hoy el capitalismo requiere de la diferencia, del diferir de los cerebros para poder crear sus propios mundos artificiales. El mundo actual de la empresa capitalista necesita crear mundos, inventarlos para después llenarlos de sus mercancías. Hoy vemos que las empresas piden al trabajador que piense, o se dice que se le paga por pensar; se le demanda que participe de la diferencia. Lo hace, así sea un obrero o un creativo de publicidad, ambos entregan algo de su poder inventivo a una empresa y a una fábrica, y con ello son despojados de su poder de diferir.

La cuestión es que el capitalismo se caracteriza por controlar el acontecimiento y producirlo según sus alternativas —impuestas—. Esto es, logra controlar la emergencia de una singularidad, de una diferencia, apropiándose justamente no del trabajo sino de la actividad libre de cada uno de nosotros. El capital vive porque extrae de nosotros dicha actividad y la controla subsumiéndola en un proceso económico y reproductivo.

La actividad libre es el punto en común que tenemos todos los trabajadores, sean obreros, Godínez, artistas, creativos, freelancers; en todas y todos yace una actividad libre, algo que nos gusta hacer y que no está conectado con la utilidad, una actividad que se disfruta en sí misma y genera alegría porque incrementa todas nuestras potencias. Antes del trabajo se encuentra, entonces, la creación de posibles.

La propuesta es, pues, crear la posibilidad de otra forma de trabajar asumiendo que “Todxs somos trabajadorxs”, en el sentido de que todos participamos del gran flujo de trabajo global y de todos es extraída una actividad libre que es luego subsumida bajo supuestos económicos.

Cuando se piensa en un Godínez por lo general se asocia con la imagen y metáfora de los zombies: “los zombies son los salary man”. De seres que parecieran vivir en la reproducción pero a quienes no se los asocia con la producción; Godínez hoy es repetición y no diferencia.

Pues bien, aquí intento colocar sobre la mesa el tema de devolver el poder de la producción a los trabajadores y de proponer un camino inédito para la creación de otra forma de trabajar y de vivir juntos. El camino consiste en sembrar esta conciencia, “la de una actividad libre que nos es arrebatada” en un sector que se rodea de burla, pero crucial para los grupos corporativos que crean los posibles para este mundo capitalista. Ingenieros, administradores, psicólogos, actuarios, economistas, técnicos, publicistas, todos cooperamos mediante nuestra actividad cerebral para los fines de estas empresas.

Participamos de la efectuación de un mundo: el impuesto, y existe la posibilidad de poner a temblar a los vencedores, de apropiarnos de esa actividad libre que es robada y convertida en trabajo y simple reproducción económica.

 

 

Nota:  La siguiente serie de textos nacen de la necesidad de reflexionar conjuntamente sobre las condiciones laborales de las empresas en esta época—sus lógicas, su pensamiento y sus prácticas. Hablar de los Godínez para nosotros representa una invaluable oportunidad de pensar el trabajo en otras dimensiones, sobre todo desde nuestra propia experiencia, sin ese acartonamiento académico que resultan los textos confeccionados en universidades en lenguajes eruditos. Al final, generosamente, Jahir Navalles ha elaborado un postfacio que da cierre y conclusión a este viaje que representa una aproximación experiencial al mundo laboral actual instalado en las grandes ciudades, con sus consorcios, empresas y corporativos globales. Adrián, Alfonso y Andrés.

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[1] En el fondo la reforma laboral detonó el hartazgo de una forma de vivir; fue una de las gotas que derramó el vaso para generar un nuevo movimiento de plazas según el Comité Invisible, grupo subversivo francés que   escribe La insurrección que viene y A nuestros amigos, que podrían considerarse libros fundamentales para comprender el presente.

[2] Hoy el uso de Godínez es de índole dominante, existen blogs, miles de chistes y mofas, páginas en internet y redes sociales. Incluso los programas más populares en radio y TV lo capitalizan en su favor. Lo interesante es que la forma de hablar de los Godínez linda con lo sarcástico, cómico y humillante: https://www.facebook.com/Lo-que-callamos-los-Godinez-158072631059849/?fref=ts, http://www.revistamoi.com/sube-godinez/de-godinez-a-fregon-con-el-tiburon-debayle-y-helios-herrera/

[3] Esta cita es extraída de una conferencia que Peter Sloterdijk dictó y en la que hace referencia al diagnóstico de época que lleva a cabo Heidegger en su obra.  https://www.youtube.com/watch?v=U9tChIcCJjo.

[4] Ibíd.

[5] “El desarrollo del capital fijo revela hasta qué punto el conocimiento social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata… [en] órganos inmediatos de la práctica social; del proceso vital real” dice Marx en los Grundisse.

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