La ciudad en estos años cambió tanto
que ya no es mi ciudad, su resonancia
de bóvedas en ecos. Y sus pasos
ya nunca volverán.
Ecos pasos recuerdos destrucciones.
José Emilio Pacheco, extracto del poema “La ciudad en estos años”
En medio de combates, persecuciones y guerras, lo cotidiano es un respiro. Sí, en el camino, sin afán, en medio del laberinto caótico de la CDMX podemos calibrarnos en la simplicidad de comprarnos un chicle o escuchar una canción aleatoria de nuestras playlists.
Sin percatarnos, en la costumbre convivimos con elementos, pasajes y espacios que siempre están para nosotros, para los demás: la tienda de la esquina, los sonidos del parque que atravesamos para llegar a la avenida principal, la puerta que se abre para que salga nuestro auto del estacionamiento, los ruidos de la bicicleta al ir rodando. Sin pedirlo, son cosas que nos pertenecen diariamente, nos dan certeza, nos conforman en los hábitos. Comúnmente son invisibles e intangibles al momento, son, están en libertad, en gratuidad, y nos encapsulan entre lo atroz.
La Ciudad de México, en medio de su rompecabezas infinito que nunca termina por conformarse, se erige de acuerdo con el presente, dejándonos barrios, edificios, avenidas, monumentos cargados de historia. La gran mayoría fueron parte de las decisiones de presidentes, jefes de gobierno y hasta virreyes que nunca conocimos, pero sin quererlo nos han dejado una memoria incalculable que nos conforma como chilangos, capitalinos, defeños, como lo que somos.
En este gran paraje acuoso, lodoso; en medio de dos grandes volcanes, el metro y sus líneas son un tipo de vísceras que nos degluten y nos escupen a diario, en un traslado caótico que fluye como un río de personas inconscientes de sí mismas, donde somos partícipes de “algo” en medio de millones de desconocidos y en vaivenes sin condescendencia logramos llegar, regresar. En el camino, subimos y bajamos escaleras en hileras inconformes, intransigentes, corremos entre pasillos y comerciantes, hacemos transbordos ilógicos, y el tiempo sin tapujos se acelera o se detiene, un dios cínico, impertinente. Al final, logramos sobrevivir y colocarnos en el trabajo, en la casa, con máscaras, funcionales.

Dada esta configuración, en el metro hay pocos espacios amables o que son cercanos pese a pasar desapercibidos, pero en la Línea 2, construida en 1970, en las estaciones Xola, Viaducto, Villa de Cortés, Portales y Nativitas, se encontraban unas celosías de cristal que fueron edificadas por el grupo de Ingenieros en Sistemas de Transporte Metropolitano (ISTME), bajo la dirección general de los arquitectos Ángel Borja y Pedro Ramírez Vázquez. Su diseño particular y el uso de colores cálidos (amarillos, naranjas y azules) daban cierta “aura” al paso, aprovechando la luz natural, y “envolvían” el camino de miles de pasajeros diarios. Sin bancas o asientos, daban un tipo de “bienvenida” o “despedida” a los usuarios de manera espontánea, fugaz; eran un respiro en convivencia con un espacio en común, creando un vínculo intangible y que en la construcción de identidades, de hábitos comunitarios jugaban un papel de certeza habitual.
Los espacios públicos que están bien diseñados y debidamente dimensionados mejoran el carácter visual y espacial de una ciudad, mientras estimula interacción social cara a cara.[1]
La CDMX en su afán de dar una cara renovada para el Mundial 2026, ha empezado un plan de gobierno:
Este programa comprende una intervención integral que fortalece la infraestructura, mejora la movilidad y renueva espacios emblemáticos.[2]
Haciendo un sinfín de obras desde el año 2025 en el sur de la ciudad:
En materia de movilidad, el programa contempla intervenciones de gran escala como el Parque Elevado de Tlalpan entre Tlaxcoaque y Chabacano, la transformación de doce pasos a desnivel sobre Calzada de Tlalpan y la nueva ciclovía La Gran Tenochtitlan, además de la instalación de biciestacionamientos en Taxqueña, Universidad y Huipulco.[3]
Entre polémicas y golpeteos políticos, ha habido muchas quejas por parte de la ciudadanía por la reconstrucción de la Calzada de Tlalpan. Los automovilistas y las trabajadoras sexuales han señalado que la renovación ha transformado su vida habitual, mermando su economía, sus tiempos y su desenvolvimiento en el transcurso de esta calzada tan importante. En este caso, la ciclovía, así como el remozamiento de las calles, son las principales causales.[4]
En el caso del metro, hay una costumbre de deterioros en su funcionamiento y cuando hay obra de reconstrucción comúnmente no suscita mucho debate debido a que es un transporte vital para la ciudadanía y necesita mejoras constantes.

¿Cuál sería la diferencia con las celosías de cristal en la Línea 2?
Desde el urbanismo se han encontrado elementos que pueden entrelazar la idea de bienestar social con la construcción o preservación de espacios. Desde un principio, el metro, tuvo elementos únicos que han otorgado vínculos con lo social y lo cultural. Primero, hablemos de los nombres e iconografía de las estaciones, después, están los colores de cada una de las líneas y su configuración urbana a partir de las principales vías y barrios, su crecimiento orgánico lo hace un ser un ente vital, sociocultural y que hermana nuestra paradoja hiperactiva como ciudad: En CDMX, el metro nos representa.
Realmente he comenzado a hacer que las personas sean visibles recopilando datos sobre dónde irán, dónde no irán y qué factores hicieron que este lugar fuera maravilloso o aquel lugar horrible. A través de los datos, hemos vuelto a las personas mucho más visibles. Lo que cuentas, te importa. -Jan Gehl[5]
El reclamo y la protesta por la demolición de las celosías en el metro Viaducto nos da cuenta de que, sin conocernos, sin haber conversado al respecto, las personas que usamos el metro y caminamos todos los días esta estación pudimos sentir que nos habían despojado de “algo” que nos pertenecía. No nos pusimos de acuerdo, simplemente las voces empezaron a proliferar en redes sociales y se convirtió en noticia, en algo que nos habían quitado como ciudadanos, como barrio, como ciudad.

Desde la perspectiva de la CEPAL y del ILPES, el territorio es entendido como una construcción, como un sistema de interacciones sociales históricamente estructuradas y en constante evolución. Esta concepción muestra el carácter dinámico del territorio y trasciende los elementos meramente físicos, biológicos o geográficos, y los articula con procesos sociales, políticos y culturales.[6]
La lejanía estructural, de burbuja y privilegiada de las autoridades hacia el espacio público y su vínculo ciudadano, ha generado que a partir de este evento de abra la conversación, y así dar cuenta del gran acervo histórico que es el metro en general, a pesar de la política, a pesar de los negocios gubernamentales. Tan es así, que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura(INBAL) necesita precisar si este espacio está bajo su protección como patrimonio arquitectónico.[7] Poca cosa, estamos pintando una raya más al tigre de la burocracia cultural.
La imagen es fuerte, nuestro monstruo de mil cabezas se ha despertado y se erige palpitando a diario, transportando a millones de almas, sin consecuencias, sin miramientos, y en este instante nos mira directamente, como un animal visceral, que respira lento, intuye, que persiste, pero en pausa, esperando a que lo integremos de manera oficial en la historia y como patrimonio. Es momento de mirarlo y reconocernos en él, empecemos a proteger al metro y lo que nos representa como habitantes de esta ciudad. En CDMX, el metro ya nos pertenece.
[1] Claves para el espacio público. https://onu-habitat.org/.
[2] Gobierno de la Ciudad de México (s. f.). Proyectos estratégicos para la celebración de la Copa Mundial 2026. Disponible en https://www.obras.cdmx.gob.mx/proyectos/proyectos-estrategicos-para-la-celebracion-de-la-copa-mundial-2026
[3] Ídem.
[4] Obras en Tlalpan enardecen a ciclistas, automovilistas y hasta trabajadoras sexuales, Grupo Fórmula. 20 de diciembre de 2025. https://youtu.be/RcELgH7lV-A?si=e965VAcK_ny-HCDL
[5] Jan Gehl: primero la vida, luego los espacios, luego los edificios (al revés, nunca funciona). 21 de julio de 2023. Disponible en
[6] Ídem.
[7] Ángel Vargas, El Inbal se comprometió a revisar el estado de la celosía de Metro Viaducto. La Jornada, 28 de febrero de 2026.
