Letras,  Pensamiento

El arte como respuesta: trascendencia y cotidianidad en el cine y la literatura

El privilegio de una vida es convertirse en quien realmente eres.

Joseph Campbell [1]

Los eventos de la vida concatenados como algo cotidiano se desvelan importantes en el momento en que esa paz estructurada y monótona es intempestivamente rota por un hecho mayor, a veces violento, a veces cruel, desesperante o que pone a prueba la determinación, la valentía, el carácter y para los creyentes: la fe.

Un buen ejemplo de esa cotidianidad impactada la podemos hallar a través del arte,  mediante el encuentro de conexiones entre tres obras artísticas: la película francesa De dioses y hombres[2] , dirigida por el francés Xavier Beauvois; el libro de ciencia ficción El libro de otro lugar, publicado en el año 2024 por el actor canadiense Keanu Reeves y el famoso novelista de new weird China Miéville y, finalmente con el laureado libro de Anagrama: El contrabando ejemplar, cuyo autor es el argentino Pablo Maurette.

Para entrar en contexto de lo que van estas tres obras, de la primera decimos que está basada en hechos reales sobre el secuestro de siete monjes cistercienses (Christian, Luc, Christophe, Célestin, Paul, Michel, Bruno, Amédée y Jean-Pierre), del Tibhirine en Argelia. Quienes vivían en comunidad con la población musulmana de los montes Atlas, hasta que fundamentalistas islámicos irrumpen esa paz como consecuencia de la guerra civil argelina. Los primeros siete monjes mencionados fueron secuestrados por terroristas islámicos y asesinados el día veintiuno de mayo de mil novecientos noventa y seis y los dos últimos monjes lograron salvarse tras ocultarse dentro del monasterio.

La película dirigida por Xavier Beauvois, muestra de forma parsimoniosa mediante escenas cortas la vida cotidiana, tanto de los monjes como de los lazos e interacciones que mantienen con la población que rodea al monasterio, así como la complejidad de cómo llegan a tomar la decisión de permanecer en ese lugar, a pesar del peligro de muerte en el que se encontraban y, la interpelación entre cada monje sobre su razón de quedarse. Un festín visual de culto que ninguna reseña puede alcanzar a describir la poesía en imágenes que el director representó.

El libro de otro lugar es una fantasía de ciencia ficción especulativa y trata sobre la vida de Unute o B, quien es un guerrero inmortal nacido de la oración de una madre para salvar a su pueblo de enemigos sanguinarios. B, a través de sus vidas, es perseguido por un Babirusa inmortal (extraño cerdo-ciervo salvaje endémico de indonesia). Mientras la narrativa avanza las preguntas sobre la existencia humana son engranajes con los que se va tejiendo la razón de ser de B de una forma bastante peculiar.

Por último, El contrabando ejemplar nos cuenta la historia de Pablo, quien planea plagiar la obra de Eduardo quien era el mejor amigo de su padre; y cuya obra lleva el mismo título que el libro. Un ágape de voces narrativas se encuentra para contarnos parte del pasado de Pablo, de Eduardo, de la familia de ambos y de la historia de la Argentina de comienzos del siglo XVII; entre otras cosas para tratar de responder si el estado de clandestinidad institucional producido por el aislamiento ante el flujo comercial español, hizo que la anomia triunfara sellando la maldición de la Argentina como un país que murió antes de nacer. Todo aunado a la leyenda del nacimiento de un monstruo al que denominan monstruo Querandí (nacido de una madre perteneciente al pueblo amerindio Querandí y de un conquistador español).

La urdimbre entre la cotidianidad, lo monstruoso y las preguntas fundamentales de la vida, son puestas a prueba en cada una de estas obras creativas. Lo podemos ver al comenzar la película De dioses y hombres en una escena central de reflexión ante el peligro de muerte inminente lleva a los monjes a reunirse. El hermano Christian habla ante los ochos monjes congregados:

«He pensado a menudo en ese momento, el momento en el que Alí Faratía y sus hombres se marcharon. Tras su partida lo único que podíamos hacer era seguir viviendo y lo primero que vivimos fue, dos horas después la celebración de la vigilia y la misa de navidad, era lo que debíamos hacer y es lo que hicimos. […] El misterio de la encarnación reside en lo que vamos a vivir, así es como se enraíza lo que ya hemos vivido aquí y lo que nos queda por vivir aún».[3]

¿Por qué se quedaron? Es una pregunta loable, cómo la búsqueda de la comprensión de uno mismo, de cómo nuestros actos van ligados a esa inconformidad y que son resueltos al conocer la respuesta a nuestra propia pregunta personal sobre el ¿quién soy? Podemos asimilar, sin llegar a lo abstruso, esa búsqueda como un tropo que pugna en la violencia ejecutada por los terroristas ante los monjes o en la narrativa de El Libro de otro lugar[4] encarnándose en la inmortalidad de Unutey del Babirusa. Para El contrabando ejemplar[5] en el monstruo querandí. Es decir, lo que va en contra de la formación de la vida, es también lo que impulsa su perfeccionamiento. No puede haber un yo sin otro que lo cuestione, aún con acometividad.

Lo conocido implica como respondemos a lo que nos atañe, es lo que llevó a los monjes a quedarse, junto con una fe absoluta y el hecho de que estaban ahí en ese lugar como una metáfora del propio Cristo, un faro para otros y un apuntalamiento para la veleta de la adversidad. Así como desconocemos el momento en que vamos a morir y las circunstancias que rodearán a nuestra muerte, del mismo modo no tenemos las respuestas a muchas preguntas porque estamos entre el desconocimiento del origen de la vida y el final de esta. Vivimos en ese instante mortal en el que nos transformamos, nos movemos. Donde no existe la inactividad ni la inercia.

La condición humana ligada al contexto, a lo que forma una identidad, como el vivir dentro de una institucionalidad, constriñe parte del libre albedrío, de la voluntad. ¿No es estar dentro del monasterio la clave para que los monjes permanezcan desarmados y con una vida enraizada? Tanto para la historia de Unute en El libro de otro lugar como para la de Eduardo y Pablo en El contrabando ejemplar hay un paralelismo con la institucionalidad, de un mecanismo nacido de lo gubernamental sin asumir la licitud en su proceso interno. La anomía forjando una base para construir la historia, para marcar realidades y amoldar conciencias como una forma de vida. En El libro de otro lugar está en el secretismo sin responsabilidades de un programa del ejército, creado para investigar la inmortalidad de Unute. Para El contrabando ejemplar es la ilicitud del comercio y sus licencias en el siglo XVII. En ambos casos crearon una realidad sistémica que irremediablemente afectó la forma de ver la vida. La violencia y lo ilícito carcomen, solo se detienen ante la pacificación interna de resolver la pregunta que inicia una frustración, es decir llegar a una verdad. Para la Argentina de El contrabando ejemplar será hasta que una revolución vuelva a edificar los cimientos de la ley.

Hay un éxtasis en la película de De dioses y hombres mostrada en la parte resolutiva de la película, una última cena que comparten los monjes ambientada con el acto II de la suite del Lago de los cisnes de Tchaikovsky, precisamente en el lamento del cisne blanco. El movimiento de cámara, la actitud de aquellos hombres, su perenne alegría y sus gestos, teniendo como telón de fondo al oboe, un émulo de la voz humana en una tragedia sostenida con la belleza del permanecer incólume, aún en la situación más desgarradora. Un mismo sentir entre los monjes, atrapados entre la vida y su arrebato violento e incierto, entre su misión espiritual y la pugna de un terrorismo complejo; sin embargo, frágiles y firmes ante el aliento de su propia fe.

La trascendencia ante la cotidianidad hace que la posible respuesta a la vida sea la reticencia al olvido. Basta un simple objeto como inmensurable símbolo para trascender al tiempo. En El contrabando ejemplar Pablo tiene una punta de flecha que le fue obsequiada, al observarla expresa lo siguiente:

«Imaginaba que la flecha se clavaba en la carne sin lastimarme…; que pasaba a formar parte de mí para siempre…; pero siempre presentes como infinitesimales vestigios concretos en cuerpos animados e inanimados. A la larga, esta visión de la inmortalidad me curó de los terrores nocturnos[6] En la historia de Unute es un espolón de queratina: «para devolver la no vida a la vida. No era de extrañar que pudiera darte a ti o a tu eco roto el último empujón hacia estas tierras del aliento.»[7]

Dos objetos que conservan la inmortalidad, que pueden permanecer en la carne e impactar su permanencia entre tantas vidas. Como la última cena de los monjes donde compartir el alimento es un diálogo con las vidas pasadas, presentes y futuras, como un hilo de continuidad encarnado en un ciclo de vida.

Los restos de un cuerpo dialogan con el tiempo, los huesos trascienden en la historia, son símbolos de la permanencia. Su conservación atestigua que un ser vivo existió. Nada se sabe de los restos de los siete monjes secuestrados, ni vestigios, ni tumbas. Pablo, en El contrabando ejemplar, dice: «Por suerte desconocemos la hora de nuestra muerte, pero más ignorantes aún somos del derrotero que les espera a nuestros huesos[8] En El Libro de otro lugar se describe el interior de una vitrina:

«” Hjortsvin”, decía en una etiqueta de una vitrina. En la vitrina había un cráneo, los restos descarnados de una cabeza de cerdo. Dos colmillos inferiores que se extendían hacia fuera y hacia atrás, como los patines de un trineo. […] Nadie sabe qué hacen con esos colmillos –me dijo mi paciente, devolviéndome de golpe a la habitación–. Pero no dejan de crecer».[9]

La relevancia de lo anterior es hacernos sabedores de que la materialidad de nuestros huesos describe una historia que no puede dejar de ser importante, en un mundo que a cada momento se torna conexo y dinámico.

El diálogo entre esas conexiones sobre el misterio de la encarnación, la explicación de lo mortal, de la trascendencia del tiempo a través de los cuerpos de otros, de sus historias, de sus huesos, de sus recuerdos. El arte eclosiona las preguntas para dar la respuesta en forma de una mente colectiva, la que en un punto dado implosiona en las ideas de quienes se dedican a escribir y que hacen de la literatura una fuente de respuestas ante el discurrir del tiempo sobre los cuerpos y las almas humanas. La trascendencia de los instantes de cada persona es, en un punto, el conjunto de toda la historia del universo que habitamos.

Pensemos en como el arte permite puede atravesar conciencias, memorias, sueños, recuerdos y deseos. Nos hace estar conscientes de nuestra pertenencia a la humanidad, la que es capaz de crear belleza y elevar su alma para convertirse no en una víctima del impulso y de sus apetitos naturales, sino en un ser capaz de sentir, expresar y compartir su paso por el mundo y el tiempo que habitó.

Donde se coloca la atención propia se hace realidad lo que se desea. En la expresión creativa establecemos una comunicación entre nuestros deseos y nuestra voluntad para decodificar la respuesta al porqué queremos algo; como ejemplo, en El Contrabando ejemplar, los restos de Eduardo viajaron de contrabando, en El libro de otro lugar el deseo de Unute de hacerse mortal se hace realidad siendo infinitamente mortal y, para los monjes en De dioses y hombres su deseo fue por el amor al prójimo como la metáfora de la realización del sacrificio de Cristo.

Las conexiones literarias son el lenguaje en que el arte establece como la condición humana comparte más allá del tiempo, preguntas que provienen del hecho mismo de que la vida no es creación humana, solo la reproducimos. Aún miramos el manto estelar haciéndonos conscientes de que podemos comprendernos como polvo de estrellas hechos cuerpo.

Es en la cotidianidad donde las decisiones fundamentales se deben preparar. Si para la ciencia es la educación formal un camino, para las reglas del saber vivir es el libre albedrío, que requiere de disciplina y trabajo en las horas diarias de la vida. La educación, la conducta, el respetar a otros, la forma en que miramos una pintura o sentimos una pieza musical, necesitan su propio tiempo para convertirse en un saber hacer. Si podemos encontrar conexiones entre obras artísticas, es porque dichas relaciones van más allá de la individualidad, el azar o la indiferencia. Estamos inextricablemente unidos y necesitamos tomar en serio nuestro paso por este mundo, para el que nada es un acto sin trascendencia ni desconexión.


[1] Joseph Campbell, Reflexiones sobre la vida, ed. Diane K. Osbon, Emecé Editores, Buenos Aires, Argentina, 1997, p. 17.

[2] Beauvois, Xavier (dir.), Des hommes et des dieux, Guión de Xavier Beauvois y Étienne Comar, France 3, France 2, 2010.

[3] Beauvois, Xavier (dir.), Des hommes et des dieux, 1 h 38 min 28 s.

[4] Keanu Reeves, China Miéville,  El libro de otro lugar, Traducción de Pilar Ramírez Tello y Manuel de los Reyes, Barcelona, Grantravesía, 2024.

[5] Pablo Maurette, El contrabando ejemplar, Barcelona, Anagrama, 2025.

[6] Maurette, El contrabando ejemplar, p. 331.

[7] Reeves, El libro de otro lugar, p. 395.

[8] Maurette, op. cit. p. 337.

[9] Reeves, op. cit. p. 426-427.

Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Cuenta con la especialidad en Garantías Constitucionales y Derechos Fundamentales en el Derecho Penal y Procesal Penal por la Universidad de Castilla-La Mancha. España. Maestrante en Derecho y en Ciencias para la paz. Participó en Anfitrionía Opus 94 del Instituto Mexicano de la Radio. Abogada, docente, melómana, con interés en la historia del arte y la escritura.