El anuncio de la Universidad de las Artes, en medio de la crisis de los centros universitarios, puede ser considerado como la posibilidad de un proyecto que logre resarcir algunos de los grandes dilemas que enfrentan los espacios de educación superior. Solo por tocar uno de los temas que han unificado el análisis tanto de universidades públicas como privadas, la inteligencia artificial está arrojando al centro una pregunta que no es menor, pero que se ha evitado sistemáticamente: ¿la educación superior solo sirve para proveer mano de obra, cognitariado o “profesionistas” con aptitudes para el campo laboral? ¿Estará totalmente perdida la noción de la educación universitaria como conformadora de masas críticas, creativas y disidentes de un mercado que pone en el centro la producción y el consumo antes que el bienestar de las personas? Aunque es cierto que, para estos tiempos, el trabajo se identifica como la única vía para alcanzar las condiciones materiales de existencia, ¿de dónde pueden provenir pensamientos que alteren esta noción si no es desde la educación misma? Esa que hasta ahora se ha encasillado en mejorar la calidad profesional y el tipo de empleo al que se aspira. La competencia no inicia en el sector laboral, sino en las aulas; esas mismas que, en muchos casos, se llenan de discursos para promover la “construcción de paz”, pero ¿qué paz es posible en un mundo intrínsecamente competitivo? O peor aún: en un mundo en el que las personas están preocupadas la mayor parte de su vida por el espacio laboral y no por el vivir.

Esta tensión entre la formación humana y la exigencia de productividad se manifiesta hoy con una nitidez alarmante a través de la tecnología. Si bien la IA y la IA generativa ya habitan nuestra cotidianidad, la profundidad de su impacto en el pensamiento crítico queda al descubierto al observar los datos: la reflexión que aquí planteo deriva también de la reciente publicación de los resultados de la encuesta que lanzó la Secretaría de Educación Pública el año pasado sobre el uso de estas herramientas. En dicho ejercicio —en el cual participé activamente mediante el formulario enviado a distintos espacios universitarios— se revela que los elementos del entorno académico se transforman a una velocidad inalcanzable, superando tanto las herramientas de detección como las múltiples capacitaciones para adoptar estos recursos en la supuesta mejora del estudiantado. Los datos estiman que más de 80% de los ensayos académicos están intervenidos o directamente creados con IA, sin contar las actividades para las que suele usarse la herramienta de forma cotidiana: participación en clases, exámenes, presentaciones, pilotos y creaciones multimedia. Del mismo modo, la IA ofrece al cuerpo docente herramientas para facilitar las múltiples tareas que, en el caso del profesorado de asignatura, no siempre se contemplan en su remuneración: planeaciones académicas, revisión de trabajos, evaluaciones y diseño de ejercicios.

Parece imposible evadir el uso de estas herramientas tecnológicas en un entorno que requiere mayor velocidad y una noción de eficacia homologada. Franco Berardi, Bifo ha propuesto, tanto en sus conferencias como en libros como Fenomenología del fin, usar estas herramientas para colaborar en la eliminación del trabajo humano sin que ello implique la pérdida del ingreso salarial. Para Berardi, el peligro actual no es solo la sustitución técnica, sino la «pauperización de la sensibilidad» que ocurre cuando el tiempo se fragmenta para la producción; por ello, sugiere que las personas podríamos recuperar tiempo. No eso que hoy se cataloga como “tiempo libre” —que suele ser tiempo para el consumo—, sino tiempo para la vida, para el goce y para la potencia creativa. Pensar, entonces, en la creación de una universidad que tenga en el centro la cultura y las artes, implica una alteración en la forma en la que nos hemos habituado a concebir la formación académica. Ya no se trata solo de la inserción en el mercado laboral, sino de la posibilidad de conformar un espacio que permita pensar lo humano más allá de la funcionalidad dentro de un modelo económico que aún no logra solucionar las brechas de desigualdad, ni la imposibilidad de compaginar una vida libre de violencias en espacios laborales que exigen, cada vez más, la renuncia a la propia humanidad.

Referencias

Berardi, F. (2017). Fenomenología del fin: Sensibilidad y mutación conectiva. Caja Negra Editora.

Berardi, F. (2003). La fábrica de la infelicidad: Trabajo cognitivo y movimiento post-media. Traficantes de Sueños.

Lazzarato, M. (2014). Signos, máquinas, subjetividades. Etcétera.

Linares, J. R. (2026, 1º  de febrero). SEP: casi 80% usan IA en educación superior para textos académicos. La Jornada. Recuperada de: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/01/politica/sep-casi-80-usan-ia-en-educacion-superior-para-textos-academicos