I want to be forever young

Alphaville

En la primera entrega de esta columna hablé de las actuaciones en vivo de rockeros y rockeras más allá de los sesenta. El tema me parece relevante porque el rock nació de un espíritu juvenil que apenas empezaba a consolidarse en la década de1950. Es casi un lugar común decir que la adolescencia se inventó con Rebelde sin causa, lanzada en 1955. Antes de eso, no existía una “cultura adolescente” ni un mercado con productos destinados específicamente para la gente entre los 13 y los 19 años. Lo chistoso es que los muchachos y las muchachas de la época sí ‘adolecían” sin que hubiera un interés mediático masivo en referir esta experiencia humana dentro de un segmento. Llegó James Dean con su chamarra roja, su peinado envaselinado… y nada fue igual.

Los temas del rock and roll de los cincuenta muestran este grito adolescente sin rabia ni lascivia deliberadas. Más bien, la mayoría de estas canciones tratan penas de amor muy en el estilo de una telenovela gringa muy ñoña: me gusta, no le gusto, ¿le diré que me gusta?, sus papás no nos dejan vernos, me rompió el corazón… Hay una simplicidad musical y temática en estos hits cincuenteros y de los sesenta tempranos que los vuelve universales, pues todos alguna vez hemos estado en esas situaciones de amor y desamor, y todos podemos encontrar algo de consuelo a nuestros desamores repitiendo estas tonadas pegadizas incluso ya no siendo tan jóvenes como los Elvis, los Buddy Holly o las Diana Ross de esos tiempos.

A la distancia, da un poco de risa que al rock and roll lo consideraran “obsceno” cuando la mayoría de sus letras no pasan de darse besitos en el mirador. El verdadero cambio temático llegaría con las revoluciones sociales de la segunda mitad de los sesenta. Para ese entonces, el rock and roll simplemente era llamado “rock” y las preocupaciones juveniles iban más allá de querer darle la vuelta a la cuadra con su amorcito. Jim Morrison ya cantaba sobre “encender la noche” con alguien, mientras los Rolling Stones abiertamente hacían la propuesta para “pasar la noche juntos”. Estos últimos también abrieron brecha en el abordaje de problemas sociopolíticos con “Gimme Shelter”, uno de los primeros temas de rock que se salía del molde para mostrar cómo este género de música podía ser vehículo de los agobios juveniles en un mundo convulso. La guerra de Vietnam, por supuesto, tomaría un lugar preponderante, dada la cantidad de jóvenes que fueron enviados al conflicto, situación que se refleja en maravillas como “Fortunate Son” de Creedence Clearwater Revival. Los alegatos por promover la paz, como “All You Need Is Love” también dan cuenta de esta tensión en la atmósfera.

Probablemente es desde esta época que podemos identificar al rock como termómetro de los intereses de la juventud: la rebeldía punk, la introspección gótica, el desencanto del grunge, por mencionar ejemplos de la variedad de formas y estilos que adquirió el rock en los años siguientes. Con el paso del tiempo, la imagen del rockstar también fue quedando establecida como otro modo de manifestar este espíritu aun si los intérpretes ya no son precisamente unos mozos: ¿ver a Bruce Springsteen con traje y corbata? ¿A Iggy Pop con el torso cubierto? La apariencia es otro modo de regodearse en la jovialidad del rock.

Hay momentos en los que este look de rockstar empieza a parecer uniforme o disfraz. El glam de los ochenta con cabelleras abundantes, Aqua Net a morir y ropa entallada no marida muy bien con la alopecia o las lonjas de la madurez. En lo temático, algunas bandas que siguen produciendo música parece no quieren quitar el dedo del renglón sobre la eterna juventud. Pienso aquí en el supergrupo Velvet Revolver —súper porque sus integrantes provienen de agrupaciones antaño famosas— cuyos temas siguen la línea de lo sensual y vertiginoso que es el rock siendo que los integrantes más bien ya empezaban (a principios de los 2000) a mostrar los estragos que esta vida había dejado en ellos. Cualquier banda de macho rockers que se les ocurra va a mostrar algo muy parecido: un aferre a la máxima “sexo, drogas y rock ‘n roll” que termina por ya no cuajar tan bien pasados los años… a menos que seas Lemmy de Mötörhead.

Pero no todo en el rock son chavitos rebeldes o chavorrucos necios. Este género es tan bello que da cabida a experiencias desde distintos puntos de la vida, incluyendo la vejez y la agonía. Old Ideas y You Want It Darker son los dos últimos discos de estudio de Leonard Cohen, donde el poeta refiere constantemente cómo la oscuridad se acerca irremediablemente, y tal certeza trae el alivio de no dudar más del desenlace: “I’m ready, My Lord”, canta Cohen en su clásico tono grave sobre un órgano de iglesia en el tema que da título a su última opus. Hay resignación, hasta un poco de rebeldía en el acto de no resistirse al fin.

Hablando del fin, creo que pocas obras retratan tan bien este halo de despedida como Blackstar, de David Bowie. Pesar, nostalgia, esperanza, resurrección, ironía… la obra navega entre todas estas emociones dando cuenta de saberse cercano a la muerte: la pregunta de sí termina la vida realmente en “Lazarus”, la tristeza por perderse de los seres queridos en “Dollar Days”, la burla final de dejar a todos con la duda en “I Can’t Give Everything Away”. Fuera de lo lírico, los ritmos aquí son frenéticos, incluidos en buena medida por la improvisación del jazz; otros también ricos en complejidad melódica y lejos de las estructuras típicas del rock y el pop. Todo esto contribuye para escribir un testamento que pone a Bowie tres pasos más adelante que cualquier otro… y vaya que él casi siempre estuvo a la vanguardia.

Quiero detenerme aquí para resaltar la hermosa paradoja ante nosotros: los viejos que aceptan su condición y cantan sobre ella terminan cargando el estandarte de la rebeldía en el rock. El embriagante néctar que promete este género es tan seductor que dan ganas de beberlo aun cuando el cuerpo ya no resista las resacas. Cohen y Bowie terminan por probar los límites del rock, abriendo brecha a temas tabú. ¿Qué tal una rola con guitarras pesadas sobre la disfunción eréctil? Yo quiero escuchar ese vértigo más que otra versión del casanova todas mías que se vuelve parodia en los Axel Rose del presente. Tiro esta idea al aire, la regalo sin cobrar retribuciones sólo por la satisfacción de ver al rock en un nuevo estadio evolutivo.