Hace algunos meses en redes sociales vimos las lamentables declaraciones de un futbolista en decadencia sobre las mujeres. Este comportamiento no es nuevo, ya que desde hace tiempo en las entrañas de internet, donde el anonimato y la virilidad tóxica suelen darse la mano, ha crecido un ecosistema digital conocido como manósfera (del inglés manosphere). Este conjunto de comunidades, blogs, foros y canales promueven una ideología profundamente antifeminista, revestida de un discurso de “derechos de los hombres” y “redención masculina”. En México, este fenómeno no es una simple importación, ha encontrado un caldo de cultivo excepcionalmente fértil, nutrido por capas históricas de machismo, religión y tradiciones patriarcales.

Para entender la manósfera en nuestro país, hay que mirar primero el terreno en el que sembró sus semillas, una de las más relevantes es, sin duda, el tema religioso, “el andamiaje sagrado del patriarcado”. La influencia de la Iglesia católica, con su ideal mariano de mujer (sumisa, pura, abnegada) y su estructura jerárquica exclusivamente masculina, ha proporcionado un marco moral que subordina a las mujeres. Figuras como la Virgen de Guadalupe, aunque símbolo de identidad nacional, son frecuentemente instrumentalizadas para exaltar un modelo de feminidad sacralizada y pasiva.

Más recientemente, grupos religiosos conservadores y neopentecostales han intensificado una retórica de “ideología de género”, demonizando al feminismo y defendiendo la “familia natural”. El Consejo Mexicano de la Familia y figuras públicas vinculadas a Vox México (de clara inspiración española ultraconservadora) ejemplifican esta alianza entre religión y política antiderechos, que nutre el discurso manosférico.

Otra semilla para el crecimiento de manósfera está en lo tradicional: el machismo como folclore y ley. El “macho mexicano” —proveedor, fuerte, emocionalmente inaccesible, con derecho sobre el espacio público y el cuerpo de las mujeres— es un arquetipo cultural arraigado. Frases como: “calladita te ves más bonita”, “el hombre es de la calle, la mujer de la casa” o el celebrado Día del Hombre (19 de marzo) vinculado al Día del Padre y a san José, normalizan la desigualdad. Aquí cabe resaltar que la manósfera no inventa estos conceptos; los toma, los descontextualiza de su crítica social y los glorifica como esencia perdida de la “verdadera masculinidad”.

Desde los años noventa, han existido grupos como “Hombres por la Equidad” (con una visión progresista), pero también voces aisladas que, frente al avance feminista, comenzaron a articular un discurso victimizante. Alegaban, por ejemplo, que las leyes contra la violencia de género eran “injustas” o que los hombres eran perjudicados en temas de custodia. La manósfera da volumen global y una comunidad de odio a estas quejas sueltas.

La versión mexicana de la manósfera mezcla gurús internacionales (como Andrew Tate, arrestado por cargos de trata) con figuras locales que hablan el idioma cultural del país. La figura más prominente actualmente es el Temach (en Twitch, TikTok e Instagram). Su discurso, dirigido a jóvenes hombres, combina retórica de la autosuperación: hábitos, disciplina, ejercicio (influencia de la esfera “sigma” o “alpha”); antifeminismo virulento: acusa al feminismo de “destruir a la familia”, de hacer a las mujeres “infieles” e “interesadas”. Usa términos como “la mujer moderna” de forma peyorativa; apropiación de lenguaje de justicia social: se presenta como la voz de los “hombres oprimidos” por un sistema “feminazi”, vaciando de sentido conceptos de opresión real; nacionalismo tóxico: vincula la “verdadera masculinidad” con una idea guerrera y dominante de la mexicanidad, a veces usando símbolos prehispánicos de forma distorsionada.

En plataformas como Telegram y foros como Taringa o 4chan en español, operan comunidades como “los Hongos”. Su nombre proviene de crecer en la oscuridad (lo “oscuro” de Internet). Aquí se comparten manuales de misoginia, se hacen “ruidos” (ataques coordinados) contra cuentas feministas, y se difunden teorías conspirativas. Estos grupos normalizan la violencia psicológica y el acoso como táctica política, con la apropiación de la narrativa de la “crisis masculina”. Argumentan, por ejemplo, que los hombres mexicanos están en crisis: desempleados, superados académicamente por las mujeres (quienes son mayoría en universidades), y legalmente desprotegidos. Esta narrativa ignora de modo deliberado las estructuras patriarcales que también dañan a los hombres (como la presión de ser proveedor único) para culpar al feminismo y no al sistema económico o social.

Muchos influencers promueven un regreso a roles rígidos: el hombre como “caballero” (pero con control), la mujer como “dama” (sumisa). Organizan eventos como “La Cena de los Caballeros”, donde se refuerzan estos ideales, a menudo con un discurso que rescata valores “cristianos” y “tradicionales” mexicanos.

Frente a esto, el feminismo tiene una tarea dual: criticar y deconstruir, por lo que debemos analizar críticamente estas narrativas, exponiendo sus falacias y su conexión con estructuras de poder tradicionales. Ofrecer modelos de masculinidad alternativos y positivos, que liberen también a los hombres de los mandatos tóxicos. Fortalecer la educación digital crítica, enseñando a identificar y combatir la desinformación misógina. Recordar que la lucha es contra un sistema, no contra individuos aislados, pero sin dejar de señalar la violencia que estos discursos generan.

La manósfera mexicana es un síntoma de una enfermedad antigua: el patriarcado. Su mutación digital es potente, pero entender sus raíces en nuestra historia religiosa, cultural y social es el primer paso para desarrollar los anticuerpos teóricos y prácticos necesarios desde los feminismos.

Referencias

Antifeminismo digital. Un análisis de la manósfera mexicana …

La agenda ultraconservadora se abre paso en México

El Temach: Los “Hombres Alfa” y su Relación con el Machismo en México