El Chair de Poule, pequeño bar en el distrito 20 parisino, está semilleno. En el piso superior se concentra una población joven y en el piso inferior un público heterogéneo. La cartelera presenta un spoken word de Fabien Thévenot y poesía sonora de Claire Von Corda. Claire bebe un vaso de lo que parece ser cerveza. La gente cuchichea e intenta generar una plática interesante en lo que el concierto inicia. Es decir, hacen preguntas al azar solo para llenar los minutos y no siempre esperan la respuesta. Claire se acerca al frente de lo que ha sido adaptado como escenario. Además de cantar, escribe poemas y novelas pornográficas. Algunos de sus poemas circulan en revistas electrónicas dedicadas a la literatura, y su última novela Animal fue seleccionada para el Premio Sade 2026. El barman anuncia: “Damas y caballeros, su atención, por favor, el concierto va a comenzar”. Simon Thoral, cineasta y uno de los fundadores de la casa editorial Le Feu Sacré, toma el micrófono y anuncia que después del concierto cualquiera puede adquirir los libros tanto de Thévenot como de Von Corda. La sorpresa de la noche es la pronta publicación de un libro de poesía de Claire en esta editorial.

Claire toma el micrófono, carraspea un poco a la par que ajusta su bajo y comienza a cantar. Algunos de los jóvenes del piso superior que bajan solo para adquirir una cerveza se quedan atrapados, accidental o voluntariamente, entre su voz y sus letras. Las letras de Claire se caracterizan, como sus poemas, por contener una decepción tierna, pero a veces también violenta. Un amor que se llevó al límite sólo para verlo hundirse. El concierto es corto, la primera canción se llama “Angustia”, la última “#7”. Uno solo lamenta su corta duración. Las otras canciones tienen títulos que dejan ver la intensa relación que Claire tiene con el cuerpo: “Migraña” y “Caigo”. Al finalizar el concierto, el trabajo está hecho, Claire nos ha hechizado.

Después de leer un par de sus novelas, de haber quedado cautivada por su manera de escribir, tengo preguntas que Claire acepta amablemente responder.

Deyanira Cuanal Cano: Claire, leyendo tu novela Insaciable (2024) una de las cosas que llamó más mi atención fue la forma en que la protagonista está inserta en el presente. No sabemos nada de su pasado, tampoco se vislumbra qué pasará después del cierre de ese centro en donde ella lleva su cuerpo al límite. Eso aumenta la relevancia del cuerpo en todo el texto, todo está concentrado en el cuerpo, el placer y el ahora. En una sociedad marcada por el trabajo, el de la misma personaje quien es obrera, el cansancio y el vacío, ¿cuál es para ti la importancia del cuerpo y el erotismo?

Claire Von Corda: Esta es una observación muy pertinente e interesante, muchas gracias por ella. Para mí, el erotismo, la pornografía principalmente, nos hace regresar a lo básico, al centro de nuestro cuerpo, de nuestro esqueleto. En la novela pornográfica no hay mentira, no hay adornos. Es directa y cruda. 

Actualmente en nuestra sociedad, tengo la impresión de que el cuerpo se exhibe a la par que es motivo de vergüenza. Lo vemos por todos lados, lo tonificamos, lo maquillamos, evitamos que envejezca, lo desarrugamos, etcétera. No entiendo mucho, pero es como si hubiera una contradicción: Hay que amarlo, pero sólo si tiene cierta apariencia. No lo sé.

Para mí el cuerpo es fuente de profundas complejidades, de sufrimiento y de vergüenza. Pero también materia carnal, lugar en donde estallan la alegría y el placer. Considero que el cuerpo es un vehículo en donde todo se amplifica, nada está en calma. Podemos forzarlo, fatigarlo, transformarlo, dejarlo gozar, tantas cosas. Nos puede tanto salvar como destruir.

En el caso de la novela pornográfica, el cuerpo, sus sensaciones, sus frustraciones, sus orgasmos, son mi herramienta de trabajo, mi animal de laboratorio. El tema del cuerpo es infinito, tanto en su éxtasis como en su autodestrucción.

DC: En los modelos tradicionales narrativos, los viajes de las heroínas son considerados procesos de transformación personal, para ti, ¿qué importancia tienen las formas de erotismo en estas transformaciones de tus personajes? ¿Consideras que el placer también puede llevar a un viaje interior, que justamente es el hilo conductor de tus tramas?

CVC: El erotismo —la sexualidad, su aprendizaje, su descubrimiento, su atracción o su rechazo— es un camino inmenso —el cual cambia según la edad y los encuentros; este puede dar sentido a una vida o ser la única fuente de transformación personal. Su exploración no tiene fin.

La búsqueda del placer es un viaje interior, un cuestionamiento. Estamos solos frente a nuestro deseo y frente a la soledad a la que nos conduce. Pero, a la vez, nos liga con el mundo exterior, con ese Otro con quien podemos explorarlo y conocerlo. Es un ir y venir constante entre nuestro deseo y el mundo exterior, nuestra sed y ese mundo exterior. Nuestras frustraciones con el Otro, nuestros éxitos y nuestros fracasos. Creo.

En mis relatos, la sexualidad es una «salida» del encierro mental. Desde el momento en que mis personajes lo comprenden, quieren más, de una forma casi bulímica. Una vez que han descubierto el placer, rechazan la mediocridad de su existencia, se dirigen a él sin límites.

DC: A diferencia de Insaciable,donde hay una heroína que se encuentra sola, en Animal (2026), el cuerpo de la personaje principal está todo el tiempo enmarcado por la relación erótica semidestructiva que tiene con su pareja de diez años. ¿Cuál es tu idea de un erotismo sostenido en los años? ¿Crees que inevitablemente es algo que tiende a degradarse bajo las nociones tradicionales de pareja y de familia?

CVC: Soy una persona que se cansa fácilmente, que tiene dificultades con los modelos tradicionales, pero, al mismo tiempo, la estabilidad me tranquiliza. Desafortunadamente, para mí, esta degradación es inevitable. Roland Barthes también lo afirma. Una vez pasado el encuentro erótico, la seducción, todo es una lenta caída hacia el final de la relación.

Pero a veces también pasa, en relaciones poco comunes, que hay personas con las que creas tu propia relación y es ahí en donde las cosas se ponen interesantes. Creo que no hay que tener miedo a establecer tus propias reglas del juego sin preocuparte por si una pareja «real» funciona así o asá. Todo se deteriora si lo descuidamos. Lo más peligroso de todo esto es la pereza.

DC: En Animal, hay una intensificación de la percepción sensual de la personaje, desde pequeños detalles de los cuerpos de los otros, hasta olores, son capaces de hacer emerger su deseo sexual. Pero, pronto, también, aparece una falta de límites de estos sentidos, como si todo fuera capaz de crispar su cuerpo —una voz enojada, el ojo de un animal muerto o el olor de la carne—. ¿Cómo es que imaginaste como una salida narrativa este desbordamiento sexual de la personaje?

CVC: ¡Buena observación! ¡Eso era exactamente lo que quería! Quería pulsiones. Es lo más importante de esta historia. Quería un personaje habitado por las pulsiones en donde un elemento externo rompiera las fronteras e hiciera estallar las convenciones sociales, para finalmente lograr que estas pulsiones se desbordasen. Es por eso que hay un aumento de la intensidad. Quería que en el inicio de la historia todo comenzara con los límites, con la contención de Clementine, y que, poco a poco, estos límites se derrumbaran y Clementine se permitiera soltar todo, dejarse ir.

DC: La siguiente pregunta, más que literaria es “sociológica”, ¿cuál crees que sea la importancia de la novela pornográfica en sociedades que tienden cada vez más a encuadrar el erotismo en las relaciones de pareja y a mal juzgar prácticas eróticas consideradas libertinas?

CVC: Es difícil responder esto. No soy periodista, ni socióloga, ni política. Estoy consagrada a escribir, intento consagrarme a eso y, esto en sí, ya es una elección de vida. No predico nada, ni defiendo nada, ni juzgo nada, ni sigo a nadie. Intento justamente hacer las cosas a mi manera, escribir a mi manera: sobre los deseos, el sexo, las personas y los cuerpos. Así, estando lo más cerca de esta honestidad que busco, espero proponer reflexiones diferentes, formas de ser diferentes, “sin etiquetas”.

DC: ¿Qué diferencias encuentras tú en las novelas pornográficas escritas por mujeres y las escritas por hombres? Si es que encuentras estas diferencias, ¿cuál sería para ti la importancia de que sean plumas femeninas quienes hablen de erotismo?

CVC: Encuentro diferencias entre las escritoras y los escritores en términos generales, como entre hombres y entre mujeres.

Pero lo que me parece importante es que las mujeres escriban porno, hablen de sexo o aprendan mecánica, al igual que considero importante que los hombres escriban porno, hablen de sexo o aprendan mecánica. Es fundamental que las personas se liberen de las etiquetas de género, que aprendan a pensar por sí mismas, lo cual es un trabajo duro.

D.C: Finalmente, para tus futuras lectoras en español, ¿nos podrías compartir el nombre de alguna de las autoras de novelas pornográficas que te haya inspirado?

CVC: No es una mujer, pero, el verano pasado, leí a Esparbec y fue una gran, gran, lección de escritura. También algunos clásicos: Georges Bataille y Jean Genet. Cuando era joven leí mucho a Marguerite Duras, sobre todo La maladie de la mort, el cual desde mi opinión es un texto erótico. Esta novela me marcó muchísimo en aquella época.

Otros de los relatos de Claire Von Corda circulan en compilaciones literarias, como la titulada Ardientes: Historias eróticas en femenino (2025) de la casa editorial La Musardine y Obsesiones (2024) de la casa editorial Media 1000. A sus libros de poesía, en una entrega especial en JerónimoMx, dedicaremos una nota en el mes de abril. Pero sin duda, la escritura de Von Corda se posiciona como una de las voces más prometedoras en el terreno de la narrativa erótica y pornográfica del momento, a la que sin duda habrá que seguirle la pista.