Durante tres décadas, la Fundación Arturo Herrera Cabañas (FAHC) ha sostenido desde el centro de Pachuca actividades culturales, sociales y deportivas ancladas a la diversidad y al territorio. Algo que las instituciones del oficialismo difícilmente pueden lograr. Ha sido un oasis en la precaria ciudad posminera, para el encuentro intergeneracional a pesar de los múltiples embates de los gobiernos en turno.
Hoy los sueños más represivos del “viejo régimen” han vuelto, luego de que la administración morenista de Julio Menchaca declaró que el edificio de la FAHC se convertirá en museo “abierto y dinámico” para la ciudad. Pues «la herencia cultural de Pachuca no puede quedar sujeta indefinidamente a un esquema privado cuando existe la obligación pública de preservarla, proyectarla y ponerla al servicio de toda la sociedad hidalguense».
Esto ocurre tras señalar que la operación de una barra de café dentro del espacio —teniendo la FAHC la figura legal de Donataria Autorizada, donde la Ley del Impuesto sobre la Renta permite obtener recursos para la sostenibilidad de la causa social— viola las condiciones del comodato establecido con la familia Herrera Gutiérrez en el gobierno de Jesús Murillo Karam en 1996, y refrendado hasta el 2042 en el gobierno de Omar Fayad. Dicho comodato salvó al edificio de convertirse en un estacionamiento, como le pasó al Cine Iracheta, una joya arquitectónica de principios del siglo XX, a una calle de distancia.

Además, el Gobierno de Hidalgo ha declarado que: “la recuperación del inmueble de la Fundación Arturo Herrera Cabañas, A. C. no es un retiro de espacio, sino la restitución de un bien para uso público conforme a la ley, permitiendo que recupere su función social. Tras identificarse un uso no contemplado en el contrato, se promovió la rescisión legal correspondiente”.
Sin embargo, esto suena más a una promesa para despolitizar a las comunidades, enraizada en una venganza política tras la participación de Tonatiuh Herrera en el proceso de revocación de mandato contra el gobernador en el 2025. La intención de cierre de la FAHC es un acto de despojo cultural disfrazado de legalidad, en el que una situación administrativa subsanable sirve para marcar todo el espacio como desviado y castigar a la ciudad. Los espacios no se «recuperan» desplazando a quienes los han sostenido durante décadas.
En estos días, en las redes sociales se abrió el debate sobre por qué no, en lugar de querer ocupar el edificio de la FAHC que desde hace décadas alberga a una comunidad viva, se recuperan otros espacios abandonados o degradados por la gestión pública. Ahí está el edificio virreinal de las Cajas Reales donde se guardaba la plata, que —a pesar de ser propiedad privada—, con la suficiente voluntad política, podría rescatarse para convertirlo en un museo de proyección nacional. Otro caso es el Centro Cultural El Reloj, un espacio convertido en estacionamiento en 2025. O el Foro Efrén Rebolledo, congelado en el tiempo con exposiciones del sexenio anterior. Y qué decir de la exfábrica de La Maestranza, reciclada en salón de fiestas privado por el oportunismo político. O bien, el Centro Interactivo Mundo Fútbol del Club Pachuca que, también bajo comodato y de forma irregular, opera al lado de la Biblioteca Central del Estado de Hidalgo Ricardo Garibay con el internet intermitente y un catálogo de libros desactualizado, a pesar de los millones invertidos en el llamado “Parque Cultural Hidalguense” (EA Noticias, 21/04/2026).

Más que un “rescate”, lo que se busca con el cierre de la FAHC es borrar un ecosistema, reconfigurando las prácticas culturales para producir sujetos dóciles a los dictados del oficialismo. La cultura es el campo donde disputamos las formas en que estamos en el mundo, como decía la Internacional Situacionista, tiene que ver con la creación global de la existencia que va más allá de la “mierda de artista”.
El afán por cerrar a la FAHC sin mediación alguna, significa un boquete en el tejido comunitario de la ciudad y lo que puede existir en ella. Es el resultado de la negativa por convivir con lo que no controlan. El ataque no es solamente contra la fundación sino contra lo común que se construye desde la autonomía y trasciende al conservadurismo oficialista. Vivimos tiempos de miseria política.

