
Han transcurrido quince años desde que Jordi Savall (1941), musicólogo español, al frente de sus ensembles Hespèrion XXI y La Capella Reial de Catalunya, nos invitó a una de las travesías musicales más fascinantes de este siglo: el lanzamiento del disco: El Nuevo Mundo: Folías Criollas (2009), un puente sobre el Atlántico que conecta las folías y canarios de la vieja Europa con los sones, fandangos y jácaras del mestizaje americano.
Savall, músico e investigador nato, se propuso narrar la historia del encuentro entre dos mundos a través de la música. Así, toma la «Folía», una de las danzas más emblemáticas del Renacimiento y el Barroco europeos, y la adjetiva como criolla, un término que surgió para definir a los hijos de españoles nacidos en el nuevo continente, pero que rápidamente se expandió para definir una cultura nueva, mestiza, sincrética y vibrante.

Este disco de veinte obras es un documento sonoro que enfatiza que la música criolla no es una mera derivación de los modelos europeos, sino una reinterpretación llena de vitalidad, resultado de un diálogo entre las armonías y formas traídas por los conquistadores y misioneros y las potentes tradiciones rítmicas, melódicas de los pueblos originarios y africanos.
El recorrido del álbum es un mapa sonoro de este mestizaje. Comienza en el Viejo Mundo, con la folía “Gallarda”que zarpó de la península ibérica o de las Islas Canarias (escala obligada de la ruta hacia América) y atraca en los puertos del Nuevo Mundo en el que la música se transforma; desde el «Fandango» anónimo novohispano (México) y la «Jácara» de Santiago de Murcia, que muestran la elegancia cortesana impregnada de un espíritu nuevo, hasta piezas que destilan una raigambre popular y mestiza incontestable como lo son el “Balajú” o la “Xochipitzahuatl”, en la que la inclusión de instrumentos autóctonos es fundamental, asi como la vihuela de mano y la guitarra barroca que dialogan de igual a igual con el bajón, la trombaya, las chirimías, las quenas, el charango y las percusiones africanas.
A quince años de su lanzamiento, El Nuevo Mundo: Folías Criollas no ha envejecido ni un día, se ha reafirmado como una obra de referencia por su reivindicación de la música mestiza que no niega la violencia del encuentro, pero que pone el foco en la asombrosa capacidad creativa que surgió de él. El trabajo musicológico de Savall demostró que la música del Barroco americano, un repertorio que permanecía en la sombra de las bibliotecas, no es un apéndice exótico del europeo, sino un capítulo esencial y brillante por derecho propio, con su propio lenguaje y su propia grandeza. Cabe señalar que la interpretación de Hespèrion XXI y La Capella Reial es académicamente rigurosa, pero llena de una pasión y una alegría que transmite la frescura y el espíritu de esta música. Suena a descubrimiento, a fiesta, a duelo y a celebración, capturando la esencia misma de lo criollo.
Quince años después, El Nuevo Mundo: Folías Criollas sigue invitándonos a explorar las raíces de un continente por medio de su música: es un documento musical fundamental para escuchar la historia de América de otra manera, no como un relato unilateral, sino como una polifonía de voces europeas, indígenas y africanas que, entre conflictos y fusiones, tejieron la rica y compleja identidad de América.